martes 10 de marzo de 2009

Esto ya lo viví

O estamos en la isla de Lost, con sus saltos en el tiempo, o estamos viviendo el eterno retorno nietzcheano. Sea lo que sea, por estos días todo suena a repetido, a un gran déjà vu.
Reapareció De Angeli, su tono elevado y demandante sigue protestando, y con él, toda la lista de términos extraños que de pronto se nos hacen familiares y se cuelan en las charlas de todos los días: mesa de enlace, entidades rurales, confederaciones, retenciones y un sinfín de palabrerío tan ajeno como cotidiano.
El conflicto campo-gobierno sigue ahí. Ahora hay que sumarle la crisis mundial, la sequía, y un gobierno que no se parece en nada al de un año atrás. Pero a pesar de los cambios, la posibilidad de una solución verdadera parece lejana. Muy parecido al año pasado.
Después del conflicto con el campo, el año pasado llegó la guerra de papel. Allá por el 2008, aparecieron afiches en los que se afirmaba: “Clarín miente”, y “TN todo negativo”. Hoy, 10 de marzo de 2009, se pueden escuchar las mismas declaraciones por parte del ex presidente Néstor Kirchner. Después de la derrota del Justicialismo en Catamarca, la estrategia es negar la realidad y echar culpas afuera.
Pasó un año, tenemos un gobierno debilitado, un vicepresidente menos, y una crisis mundial a cuestas. Eso sin contar los conflictos internos. Esperemos que estas dos repeticiones de sucesos pasados sean meras casualidades, y que después del año pasado, hayamos crecido un poco como país.

miércoles 19 de noviembre de 2008

El pecho desnudo *


El señor Palomar camina por una playa solitaria. Encuentra unos pocos bañistas.





Una joven tendida en la arena toma el sol con el pecho descubierto.





Palomar, hombre discreto, vuelve la mirada hacia el horizonte marino. Sabe que en circunstancias análogas, al acercarse un desconocido, las mujeres se apresuran a cubrirse, y eso no le parece bien: porque es molesto para la bañista que tomaba el sol tranquila; porque el hombre que pasa se siente inoportuno; porque el tabú de la desnudez queda implícitamente confirmado; porque las convenciones respetadas a medias propagan inseguridad e incoherencia en el comportamiento, en vez de libertad y franqueza.




Por eso, apenas ve perfilarse desde lejos la nube rosa bronceado de un torso desnudo de mujer, se apresura a orientar la cabeza de modo que la trayectoria de la mirada quede suspendida en el vacío y garantice su cortés respeto por la frontera invisible que circunda las personas.



Pero ‑piensa mientras sigue andando y, apenas el horizonte se despeja, recuperando el libre movimiento del globo ocular‑ yo, al proceder así, manifiesto una negativa a ver, es decir, termino también por reforzar la convención que considera ilícita la vista de los senos, o sea, instituyo una especie de corpiño mental suspendido entre mis ojos y ese pecho que, por el vislumbre que de él me ha llegado desde los límites de mi campo visual, me parece fresco y agradable de ver. En una palabra, mi no mirar presupone que estoy pensando en esa desnudez que me preocupa, ésta sigue siendo en el fondo una actitud indiscreta y retrógrada.



De regreso, Palomar vuelve a pasar delante de la bañista, y esta vez mantiene la mirada fija adelante, de modo que roce con ecuánime uniformidad la espuma de las olas que se retraen, los cascos de las barcas varadas, la toalla extendida en la arena, la henchida luna de piel más clara con el halo moreno del pezón, el perfil de la costa en la calina, gris con tra el cielo.
Sí ‑reflexíona, satisfecho de sí mismo, prosiguiendo el camino‑, he conseguido que los senos quedaran absorbidos completamente por el paisaje, y que mi mirada no pesara más que la mirada de una gaviota o de una merluza.

¿Pero será justo proceder así? ‑sigue reflexionando‑. ¿No es aplastar la persona humana al nivel de las cosas, considerarla un objeto, y lo que es peor, considerar objeto aquello que en la persona es específico del sexo femenino? ¿No estoy, quizá, perpetuando la vieja costumbre de la supremacía masculina, encallecida con los años en insolencia rutinaria?




Gira y vuelve sobre sus pasos. Ahora, al deslizar su mirada por la playa con objetividad imparcial, hace de modo que, apenas el pecho de la mujer entra en su campo visual, se note una discontinuidad, una desviación, casi un brinco. La mirada avanza hasta rozar la piel tensa, se retrae, como apreciando con un leve sobresalto la diversa consistencia de la visión y el valor especial que adquiere, y por un momento se mantíene en mitad del aire, describiendo una curva que acompaña el relieve de los senos desde cierta distancia, elusiva, pero también protectora, para reanudar después su curso como si no hubiera pasado nada.
Creo que así mi posición resulta bastante clara ‑piensa Palomar‑, sin malentendidos posibles. ¿Pero este sobrevolar de la mirada no podría al fin de cuentas entenderse como una actitud de superioridad, una depreciación de lo que los senos son y significan, un ponerlos en cierto modo aparte, al margen o entre paréntesis? Resulta que ahora vuelvo a relegar los senos a la penumbra donde los han mantenido siglos de pudibundez sexomaníaca y de concupiscencia como pecado...

Tal interpretación va contra las mejores intenciones de Palomar que, pese a pertenecer a una generación madura para la cual la desnudez del pecho femenino iba asociada a la idea de intimidad amorosa, acoge sin embargo favorablemente este cambio de las costumbres, sea por lo que ello significa como reflejo de una mentalidad más abierta de la sociedad, sea porque esa visión en particular le resulta agradable. Este estímulo desinteresado es lo que desearía llegar a expresar con su mirada.


Da media vuelta. Con paso resuelto avanza una vez más hacia la mujer tendida al sol. Ahora su mirada, rozando volublemente el paisaje, se detendrá en los senos con un cuidado especial, pero se apresurará a integrarlos en un impulso de benevolencia y de gratitud por todo, por el sol y el cielo, por los pinos encorvados y la duna y la arena y los escollos y las nubes y las algas, por el cosmos que gira en torno a esas cúspides nimbadas.




Esto tendría que bastar para tranquilizar definitivamente a la bañista solitaria y para despejar el terreno de infereneias desviantes.




Pero apenas vuelve a acercarse, ella se incorpora de golpe, se cubre, resopla,




se aleja encogiéndose de hombros con fastidio como si huyese de la insistencia molesta de un sátiro.



El peso muerto de una tradición de prejuicios impide apreciar en su justo mérito las intenciones más esclarecidas, concluye amargamente Palomar.



* Italo Calvino

martes 4 de noviembre de 2008

Las mismas denuncias, las mismas protestas

Pasaron 40 años desde el estreno de La hora de los hornos, y demasiada agua bajo el puente. El país no es el mismo, es más, desde aquel retrato de la situación de Argentina se sucedieron muchos países diferentes en un mismo territorio. Pero a pesar del tiempo transcurrido algunas cosas no cambiaron demasiado.

Si Fernando Pino Solanas deseara volver a filmar la película, lo único que necesitaría hacer es actualizar algunos datos, ni más ni menos. Los ítems serían los mismos, lo que cambiaría serían únicamente los porcentajes: la pobreza aumentó, la desnutrición y la mortalidad infantil aumentaron, la desigualdad aumentó, y así se sucederían los datos de todo lo negativo y vergonzoso de la situación de la Argentina.
Las imágenes casi podrían ser las mismas, las caras surgidas de la miseria y la desolación se mantienen idénticas a pesar de las cuatro décadas transcurridas. La música perturbadora del repiquetear de tambores se adapta al presente. La voz en off debería leer una lista diferente de datos y porcentajes. Con estas modificaciones, el film estaría listo para un reestreno, y hasta algún distraído podría considerarla nueva, sin percatarse, quizás, de los modelos antiguos de los autos, o de las diferencias en la vestimenta. Claro, eso puede ser leído como una característica pintoresca, como un capricho del director. Por todo lo demás, el escenario es el mismo.
Pero en algún aspecto el tiempo transcurrido no fue en vano. Tras 25 años de democracia, una generación entera nació y creció en libertad, y hoy estos jóvenes pueden conseguir fácilmente una copia de La hora de los hornos en cualquier casa de video o librería. Ya no hace falta concurrir a proyecciones clandestinas, custodiadas por contraseñas y transmitidas de boca en boca, rodeadas de un halo de desconfianza permanente.
En su primer documental, Pino Solanas pone de manifiesto muchos aspectos de una sociedad que no logró desprenderse del individualismo y la desigualdad. No pudo hacerlo en 1968 ni parecería querer hacerlo finalizando el 2008. La vigencia del film impresiona y avergüenza a la vez, y tiene el poder de seguir denunciando con la misma fuerza que cuando se estrenó. Mejor para el documental, peor para una sociedad que se descubre estancada.

viernes 3 de octubre de 2008

Ahora el Estado no parece tan malo

Financistas en ruinas piden el socorro público
Hemos tenido treinta años de banqueros y financistas insondablemente ricos que eran justificados como parte del libre mercado. De manera que se jactaban: “Acabo de recibir mis dividendos del verano y gasté parte de ellos en una pequeña nación africana que incendié para divertirme”, o iban a restaurantes que cobraban mil libras por comidas tales como espárragos hervidos en lágrimas de pandas o compraban automóviles que funcionaban con diamantes líquidos, y todo eso era prueba de que vivíamos en una sociedad libre en la que nos pagaban los que valíamos y no podíamos confiar en dádivas del estado. Luego, cuando la mentira se cae a pedazos, van directamente al gobierno chillando: “¿Podemos recibir una dádiva del estado gratis por favor? Nuestro banco ha quebrado”.
Son como estudiantes malcriados que buscan a sus padres para que les den más dinero porque han gastado la suma de un año en una semana. Pero este gobierno sensiblero dirá: “Ya recibieron cincuenta mil millones de libras, ¿qué han hecho con ellas? Bueno, está bien, acá hay otros cincuenta mil millones que estábamos reservando para aparatos de diálisis, pero esta vez tengan cuidado”.
Como Gordon Brown se ha hecho tan amigo de Tatcher, quizá la pueda utilizar. Ya que ella está por dar un discurso en la conferencia conservadora, en una habitación llena de ejecutivos, la debería mandar a decir: “No pueden seguir gastando más de lo que ganan. No podemos permitir que aquellos que no se pueden mantener por sí solos vivan a costa del Estado”.
Luego debería mandarlos al centro de empleos. Al principio se quejarán: “No hay nada para mí aquí. Me entrené durante dos horas enteras para conseguir mis calificaciones de parásito y no hay empleos para parásitos en ningún lado por el momento”. Luego, igual que la gente que reclamaba beneficios, tiene que devolver el dinero cuando esté trabajando, todos los dividendos que recibieron por fomentar las acciones de sus empresas tendrán que ser devueltos, ahora que las acciones no valen nada. Y si no lo tienen, deberían ser arreados a una nueva categoría social llamada “pensión para esclavos”, en la cual pasen el resto de sus vidas haciendo recados para todas aquellas personas cuyas pensiones arruinaron.
En cambio, los políticos y los empresarios se juntarán y dirán: “Parece que todo lo que hemos dicho durante treinta años resulta ser una mentira. En estas circunstancias, es imperativo que esas personas que se han hecho inmensamente ricas creando esta mentira, debieran ser compensadas en gran forma. Es también de gran importancia que no le prestemos atención a nadie que nos advirtiera que esto iba a terminar en una porquería, ya que las únicas personas confiables que nos pueden sacar de aquí son aquellas que nos pusieron aquí”.

* Por Mark Steel de The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página12. Traducción: Celita Doyhambéhére.

domingo 21 de septiembre de 2008


martes 9 de septiembre de 2008

más Música porque Sí


lunes 25 de agosto de 2008

Música porque sí

Una guitarra, un violonchelo y algunos elementos de percusión, matizados por una voz femenina. Las luces amarillas apuntaban a los músicos, pero invadían la sala. Los libros seguían ahí, ignorados por los espectadores, que sólo se dedicaban a escuchar. Esa fue la atmósfera que generó el trío de música latinoamericana Música porque sí, en La Biblioteca Café, el jueves pasado.
Con un repertorio de bossa nova, en portugués y en francés, y canciones tradicionales de diferentes zonas, como un canto de ordeñe venezolano, o una canción de cuna colombiana, Morena Leza (violonchelo, voz y udú), Juan Pastrana (guitarra) y Pablo Santos (percusión) hicieron valer sus años transcurridos en el Conservatorio de La Plata. Con arreglos de su autoría, y la técnica de más de diez años de estudio, lograron acercar el mundo académico a lo cotidiano de una cena- show para no entendidos. Sin pedantería, sus conocimientos se traslucen en la manera de interpretar, en la relación con lo que hacen, y no en una puesta en escena afectada. En ningún momento dejan de ser tres amigos que no superan los 25 años.
El espacio es reducido, y genera un clima intimista. La organización del lugar permite disfrutar de todo, de la comida y de la música, ya que el comienzo del espectáculo está marcado por el fin de la cena. Una vez que comience la música, no habrá meseras circulando, ni ruidos de cubiertos. Cada cosa a su tiempo, el postre llega en el intervalo que hacen los músicos.
Después de un año de tocar en bares de La Plata, el trío llegó cerca del Obelisco. Se despidieron con “Leonzinho”, de Caetano Veloso, acompañados por Ulises Urdizian en percusión. Así llegó a su fin la noche del jueves, con buena música.

Para los que se quedaron con ganas:
* Sábado 18 de octubre, a las 17, en La Biblioteca Café. Marcelo T. de Alvear, entre Cerrito y Libertad.

domingo 24 de agosto de 2008

Aquí mismo

“Ponela a circular, sino no puedo operar” fue la sentencia del Cuervo Flores al Tenso. Y así es como aparece mi barrio en la nueva película de Juan Taratutto, Un novio para mi mujer. Sin saberlo, me encontré con Bernal visto a través de la gran pantalla, en un cine ubicado a tan solo 30 o 40 cuadras de la calle céntrica de Félix Bernal, por la que camina la Tana, en la piel de Valeria Bertucelli.
Sí, es una pavada, pero una gran sorpresa para mí, y calculo que para todos los que reconocieron la calle 9 de Julio, el cartel de la zapatería, la galería más desierta y más deprimente que puede haber (¿no habrán encontrado otra que les quede más cerca de la city porteña?), algún que otro negocio, y la puerta de madera imponente, frente a la cual esperan que pare la lluvia los personajes.
De todos modos, Bernal está recortado, como toda la película. El barrio de los protagonistas es otro, que no pude reconocer. El camino que recorren para llegar a una parrilla alejada también es irreconocible, con sus eucaliptos alineados. Incluso la realidad está recortada: la Tana sale idílicamente en plena noche con su bicicleta hacia alguna cita furtiva, en una noche de verano.
El nudo de la película, su crisis de pareja, también está recortado en el relato de los protagonistas, que va y viene desde el pasado hacia el presente. El papel del Cuervo no llega a la contundencia propia del galán venido a menos, la supuesta frutilla de la película se pierde atrás de Valeria Bertucelli, que con su odio a la vida se come toda la película.
A pesar de tantos recortes, la película logra un efecto de unidad, en el cual a fuerza de simpatía y cotidianidad logra la complicidad del espectador, que acepta pasar por alto todas las “irrealidades” en una pretendida comedia romántica realista. Un novio para mi mujer, como su título poco llamativo indica, es una comedia liviana, que invita a reírse en serio, y, solo para unos pocos privilegiados, ver en pantalla grande el minúsculo centro comercial de Bernal, tantas veces caminado.

viernes 15 de agosto de 2008


* En Colonia del Sacramento, Uruguay

miércoles 6 de agosto de 2008

Me hubiera gustado haber escritio esto:

http://lmdmv.blogspot.com/2008/06/los-libros-que-me-llevara-si-fuera-un.html

sábado 26 de julio de 2008

Meme

La sabihonda Wikipedia explica que un meme es, según las modernas teorías sobre la difusión cultural, la unidad teórica de información cultural transmisible de un individuo a otro o de una mente a otra (o de una generación a la siguiente). El neologismo fue acuñado en 1976 por Richard Dawkins, debido a su semejanza fonética con el término gen (introducido en 1909 por Wilhelm Johannsen para designar las unidades mínimas de transmisión de herencia biológica) y, por otra parte, para señalar la similitud de su raíz con memoria y mímesis.

Ana (Felices juntos), me mandó mi primer “meme”, cuya existencia me enteré gracias a ella. Dudo que vuelva a recibir algún otro, ¿y qué? A continuación pego las reglas y mi respuesta:

1. Escribir 14 “pequeñas cosas” que te hagan feliz
2. Copiar primero las reglas
3. Seleccionar 6 bloggers para que sigan con el meme
4. Avisarles a los bloggers seleccionados (y aguantarse después las puteadas).

Los besos y los abrazos de amor// el café con leche// las películas buenas// tener toda la mañana del domingo para leer el diario y sus anexos// la playa// leer en la cama// el olor a los tilos// los bebés y los pequeñuelos en general// los días posteriores a haber aprobado un examen// escuchar música porque sí// todo lo que se hace en verano// conseguir un asiento en el colectivo// el sonido de las películas en el cine// (aunque suene a vieja) tejer y bordar

Seleccionados: Ana (Nadando croll), Alejandro E. (Alejandro- Ferrari), Ana Paula (Veredas rotas), Soledad (Hitheroadjack!), Ojos de Suri (Ternura retro), los dos amigos (Envueltos en libros)

jueves 17 de julio de 2008

La autonomía pide permiso

A Julio César Cleto Cobos le tocó desempatar en la puja entre el Gobierno y el Campo. Después de más de 4 meses de conflicto, el problema parecía llegar a su fin. Eran pasadas las 4 de la madrugada, y el vicepresidente estaba entre la espada y la pared. Todos habían hablado, y él fue el elegido para poner la balanza para un lado o para el otro. Frente a este panorama, su discurso estuvo cargado de tensiones, y lo que prevaleció en él fue el tono moderado. Humilde y sin arrogancias, lo único que faltaba era que se pusiera de rodillas y clamara por un perdón que hasta el momento está en suspenso.

“Este es el día más difícil de mi vida” declaró nervioso, tocándose compulsivamente la frente, gesto que ponía de manifiesto su estado interior. ¿En que circunstancias, un hombre maduro, un vicepresidente, ejerciendo sus funciones, cataloga de “difícil” el desempeño de su trabajo? ¿Qué presiones corrían junto con el sudor de su espalda? Más allá de la responsabilidad que tiene como presidente de la Cámara de Senadores, y de la tensión lógica de todo lugar de poder, este hombre parecía apesadumbrado, puesto en un lugar que jamás hubiera elegido. Y cada una de sus palabras delató esto.
En el momento del veredicto final, afirmó: “La historia me juzgará. No sé cómo. Y me perdone si me equivoco. Mi voto no es positivo”. Abundaron los pedidos de perdón y los eufemismo, en un discurso en el que más que anunciar una decisión, Julio Cobos parecía estar buscando un lugar donde resguardarse y defenderse por tener una opinión esta a la del oficialismo. Para tratar de matizar este hecho, garantizó que no estaba votando en contra del gobierno, sino que estaba actuando según sus convicciones. “Formo parte de este gobierno” agregó, por si a alguien le llegaba a quedar alguna duda.
Julio Cobos es el vicepresidente de la nación. O sea, es parte del Poder Ejecutivo. Pero también es el presidente de la Cámara de Senadores. Por lo tanto, también es parte del Poder Legislativo. Y cada uno de los poderes tiene autonomía. Ayer el vicepresidente hizo uso de esa autonomía, pero dejó traslucir en sus palabras un alto grado de miedo. Los pedidos de perdón son innecesarios cuando se actua en plena libertad y guiado por las convicciones. No hay poder, por omnipotente que sea, que pueda contra la rectitud de una persona. Aunque se esté asustado, aunque se corran muchos riesgos. Demasiados, si se considera que este es un país democrático, en el que cada uno elige lo que le parece correcto.

sábado 5 de julio de 2008

Plastipinturitas




















* Made by Victoria

jueves 26 de junio de 2008

Todos jugamos al Estanciero





Los chicos de hoy sólo conocen el Monopoly. Es más, yo soy de esa generación. Pero para hacer honor a la verdad, el Monopoly es el hijo capitalista del no menos capitalista Estanciero, juego que supieron jugar nuestros padres, tíos y abuelos.
Como bien refiere el dicho, “la realidad supera a la ficción”, y más si ésta es una ficción lúdica. Por eso, desde hace más de cien días, todos jugamos al Estanciero. Todos opinamos del campo, del gobierno, de las retenciones, sabemos de precios y de tasas de exportación. Todos tenemos nuestras fichitas de colores, y las vamos moviendo verbalmente, a través de nuestras infundadas opiniones, que se basan muchas veces en la repetición de discursos que escuchamos en la tele, o leímos de pasada en algún diario. Como si esa fuera LA verdad, y no hay más tu tía. Así pasamos los últimos tres meses, jugando de oídas y viendo todo por la tele.
Pero desde esta semana, el juego se nos acercó. Ahora es una realidad palpable, no es sólo el eco que llega desde los pueblos del interior. El tablero está dispuesto en la Plaza de los Dos Congresos. Y jugar es fácil, muy fácil, y por los colores que ha adquirido el asunto, hasta parece divertido.
El primer grupo, llamémosle el verde, hace sus plantaciones. Antes de la cosecha, y cuando la mano ya está jugada, el segundo grupo, con fichas de un dudoso color celeste y blanco, toma los dados, tira, y decide que le va a sacar un porcentaje di fichitas verdes mayor al que le estaba sacando hasta el momento. Los celestes y blancos se adjudicaron como exclusivo el uso de los dados, ellos, y sólo ellos, pueden tirar y mover. El voto de todos los espectadores del juego así lo decidió, y está bien que así sea. Pero el reglamento establece que quienes tiran los dados en nombre de un gran número de personas, deben pensar constantemente en ellos y sus intereses. Los jueces todavía no se han expedido con claridad acerca de este punto, ya que las fichas blancas y celestes olvidan que detrás de la puja por un mayor porcentaje de dinero hay gente que espera una oportunidad para tener una vida digna. Además, el reglamento también deja en claro que la caja de estos últimos no se compone únicamente con lo que deben depositar los jugadores vedes. Hay otras entradas también, cuyos destinos se desconocen.
Turno de los verdes: los dados no los favorecen, cortan las rutas y llenan el monumento a la bandera. Turno de los albicelestes (qué término complicado por estos días…): con el deseo de empatar hacen un acto en Salta, miles de micros salen de todo el país. El tablero es gigante, y el despliegue también.
Momento verbal: cruces de acusaciones, de todos los colores y de todos los ánimos posibles. Agravios, insultos, acusaciones, discursos de perseguidos. Todos se victimizan, el juego está frenado. Nadie avanza, nadie gana.
Oportunidad para las fichas bicolor, convocatoria en la plaza. La jugada salió mal, tan mal que por $100 se murió un joven de Tucumán. El sinsentido crece, la vida vale un minuto de silencio, y que siga el jolgorio.
Pasan los días y llegan a la plaza. Los verdes dicen que pondrán una carpa. Los celestes y blancos ponen seis a la fuerza. Mucha inversión de ambos lados. La de los verdes se entiende, de última es dinero de bolsillos privados. ¿Los celestes y blancos habrán hecho uso del “arca comunal?” No se sabe, ni se sabrá nunca. Todos los números se dibujan en este juego, si sale la carta de que la inflación es del 1,1% es de tramposo y golpista preguntarse por qué en las góndolas ese porcentaje es un poco más abultado. Compórtense, y no cuestionen.
Cuando los jugadores caen en la casilla de las 15 hs., todos deben amucharse en un recinto extremadamente chico, cerrado, y ponerse a gritar argumentos. Regla básica: que ninguno escuche al otro. El que escucha y razona queda eliminado.
La cosa se pone más divertida cuando ambas partes caen en la casilla de la expresión no convencional. Los verdes se encargan de inflar un toro, al que llaman “Alfredito” (otro de los nombres con los que se conoce a los verdes). Es una jugada tonta, pero tiene cierta gracia. Los que multiplicaron la plaza se copian, salen seis huevos gigantes, y dos pingüinos. Rara mezcla. El tablero es colorido, pingüinos, huevos, carteles, un toro, mate y guitarras. Qué lindo juego, qué lindo país.
Lástima que de tan largo, aburre.
Y las cartas más importantes siguen en el medio del tablero, dadas vuelta, mientras todos siguen ignorándolas: hospitales, caminos, escuelas, verdadera redistribución para los que la necesitan.
Por suerte, ya sacaron las mejorictas: el tren bala, propio del primer mundo, y toda la serie de comedores infantiles y de campañas civiles y religiosas de solidaridad. Este juego sí que saca lo mejor de todos.
Objetivo del juego: que se extienda la mayor cantidad de tiempo posible. Y que no gane nadie, así nadie pierde ni plata ni poder.

martes 17 de junio de 2008





"Don Quijote volvió a buscar a Sancho para tener con quién hablar"

* Miguel de Unamuno.

jueves 5 de junio de 2008

La vida allá lejos




En el medio del desierto, entre el polvo y la desolación, manos desesperadas de mujeres revuelven y eligen pulseras de colores. Debajo de la opresión de las burkas (mantos que cubren por completo a las mujeres islámicas) hay un deseo latente; hay mujeres cuya voz subsiste a pesar de todos los esfuerzos por acallarlas. Estas mujeres adornan sus muñecas y pintan sus uñas, bellezas femeninas que quedarán eternamente tapadas por mandatos culturales. Pero no son esas las principales diferencias ideológicas que mantiene Afganistán respecto de occidente. El director Mohsen Makhmalbat pone de manifiesto estas diferencias en su película Kandahar, estrenada en 2001.
En Afganistán hay poblaciones enteras diezmadas por guerras ininterrumpidas. A pesar de la riqueza petrolífera de la región, o quizás a causa de ella, los habitantes viven en la indigencia. Fueron despojados de la comida, de sus casas, y hasta de sus propios cuerpos. Aún hoy hay minas terrestres cuya detonación implica la pérdida de las extremidades. Y el peligro acecha a las más indefensas: hay minas que tienen muñecas como carnada, a la espera de niñas que se acerquen inocentemente a buscar un juguete. La crueldad parece infinita.
Una periodista exiliada y un médico extranjero comparten el camino, cada uno con su búsqueda. La mujer islámica vuelve del mundo occidental para bucear en sus raíces y evitar el suicidio de su hermana. El médico está en esa tierra desértica en busca de Dios, a quien cree encontrar entre tanta pobreza. Ella mira asombrada, y él intenta curar la más letal de las enfermedades: el hambre. Cura con un poco de pan. Cura a las mujeres sin revisarlas, porque está prohibido que un hombre las vea a cara descubierta. Pero al médico le alcanza con tener la sensibilidad de percibir el agotamiento y el hambre para combatir los males de esas personas. Y mientras tanto encontrar a Dios.
Frente a este panorama, ni siquiera queda la esperanza. El futuro afgano ya está comprometido, por causa de la educación. Los varones que tienen el privilegio de ser admitidos en ciertas especies de escuelas, son obligados a dedicar sus horas a recitar de manera repetitiva el Corán, a medida que se balancean en el bullicio que invade el ambiente. Pero el problema no es aprender de memoria el texto fundamental de la religión, sino que es el manejo de las armas que se le enseña a los nenes, y la ideología que eso conlleva. Son criados y educados para practicar la violencia, les enseñan a usar armas, a matar e incluso a destrozar cadáveres.
Es difícil confiar en personas que pasan tantas necesidades, y esa es una de las verdades que debe aprender la protagonista. Debajo de su burka recorre la tierra de la que logró escapar, y vive en carne propia la sed, el hambre y la desolación. Con una diferencia: ella tiene dólares, que le sirven a la vez de pasaje y obstáculo a través de esa realidad. Con dinero puede comprar lo que esté a su alcance, pero la comida y el agua que no existen no pueden ser compradas. La devastación de Afganistán llega hasta ese punto.

domingo 1 de junio de 2008

Todos los nombres




* Saramago, José; Todos los nombres; España, Punto de lectura, 2000.




Ahí está don José solo entre todos los nombres. Sólo en su vida y sólo en su búsqueda, con la única guía del hilo de Ariadna. Un hilo atado a la pata de una mesa para bucear entre los papeles de la Conservaduría General del Registro Civil.
Una mujer desconocida como una meta, encontrarla es el motivo de todos los pensamientos de este funcionario, moldeado a la perfección según las leyes de la burocracia. Una mujer de carne y hueso que cobra vida en un papel, y en una serie de papeles manchados por letras y por los colores que conforman las fotografías. Y entre todos los papeles, una vida que encuentra un sentido, ilógico, sí, pero un sentido al fin.
Don José la encontrará en el único lugar donde podía ser encontrada; cuando lo que tenga para decirle, o no, ya no tendrá importancia, y por eso mismo la búsqueda se vuelve más imperiosa y necesaria para este cincuentón que no ha hecho nada más interesante que recortar notas periodísticas de gente famosa. Entre todos los nombres, entre la infinidad de personas que nacen y mueren, y deben notificarse en la Conservaduría General, el nombre del protagonista es el único al que el lector tiene acceso. Y su identidad es la que le permite recortarse de ese trasfondo de papeles, sobresalir a su modo, y crearse su propio destino, su propia historia, que pueda traspasar del papel a la vida, y así ganarle al sistema en el que está inmerso.




miércoles 21 de mayo de 2008

La película imperceptible de unos crímenes en Oxford


El adjetivo imperceptible le jugó una mala pasada a esta película basada en la novela del escritor argentino Guillermo Martínez. Lo que debía ser difícil de percibir fue obvio y explícito, hasta forzado por momentos.
Ya se sabe, el pasaje de una obra literaria al séptimo arte es un asunto delicado, en el que se debe tener espacial cuidado en captar la esencia áurica propia de los libros, o de los buenos libros, si se quiere. Y esta película deja muchas expectativas incumplidas.
Por empezar, el director Alex de la Iglesia funciona como un gancho, una promesa. Pero es una promesa que decepciona. Más que una obra de un reconocido director, con todas sus mañas y marcas propias, es una película más, para pasar el rato simplemente. Es una típica película de la Warner Bros., en la que hubiera dado lo mismo cualquier director. Tiene la impronta hollywoodense hasta la médula. Y eso que el libro es argentino y el director español. Se ve que la industria de las películas producidas en serie tiene el poder de aplastar y de funcionar como tábula rasa implacable.
El resultado no es mal del todo, sino más bien un gusto amargo. No se puede negar que la película es entretenida, y que el misterio de los crímenes, como la mayoría de las historias de misterio, es atrapante. Más que por su profundidad o por el interés intrínseco de la trama, la película funciona a través de las ganas del espectador por saber quién es el asesino. Pero el develamiento final tampoco es maravilloso.
En definitiva, una película más. De esas cuyo fuerte radica en los típicos elementos: una historia que despierta cierto interés y un actor que se hizo más conocido desde El Señor de los Anillos, Elijah Wood. La Universidad de Oxford es un espacio casi anecdótico, la admiración del joven estudiante por el profesor de matemática no está bien fundada, y las explicaciones dejan bastante que desear. Por último, del “misterio” y del patrón del asesino, es mejor no hablar. Los crímenes de Oxford es una película más, que pasará sin pena ni gloria.
* Los crímenes de Oxford. Dirección: Álex de la Iglesia. Países: España, Reino Unido y Francia. Año: 2008.
*Martínez, Guillermo; Crímenes imperceptibles; Argentina, Planeta, 2003.

lunes 19 de mayo de 2008

Entrevista a Regula Rohland - Titular de Literatura Alemana de la UBA hasta el 2007.

De Alemania a Argentina en los años ´70

El país que no conocía la violencia

Argentina como un país sin violencia. Ese era el concepto que atrajo a un matrimonio de alemanes, en los años en los que se gestaba el último golpe militar. Regula Rohland de Langbehn relata cómo fue su llegada al país, y hace un recorrido de su vida de inmigrante hasta la actualidad.

Esta mujer que vivió dividida entre el viejo continente y el nuevo mundo, que en cierto sentido fue defraudada por el país en el que apostó, recuerda con tranquilidad cómo su vida se amoldó a las condiciones que fue encontrando como extranjera. Siguiendo el ideal de su marido, un ingeniero que se había formado en Argentina, Regula Rohland dice que nunca pensó que la vida acá sería tan dura, y agrega, con su acento marcado y algunas dificultades idiomáticas: “Yo inocentemente me metí en esa hazaña y después hubo que darle pecho”.
Llegó embarazada de su primer hijo en 1970, a los treinta años. En ese entonces vivió en San Isidro, donde crió a tres hijos bastante sola, mientras su marido trabajaba. Pero esta no fue su primera experiencia en Argentina. A los nueve años había venido con sus padres y sus hermanos, ya que la postura anti-nazi de su padre le había dificultado conseguir un trabajo después de la guerra. Entonces vivió el paso de la infancia a la adolescencia en tierras extranjeras, en un colegio de San Isidro, donde también asistían chicos alemanes. A los dieciséis años volvió a Alemania, y se doctoró en Literaturas Hispánicas.
Frente a la pregunta acerca de qué país encontró en los ´70, en su segunda inmigración, responde que lo primero que se le apareció fueron los recuerdos tristes de su infancia. Ya casada y esperando a su primer hijo en otro país, recordó lo infeliz que había sido de chica en este país desconocido, en el que había pasado años de soledad. Ese sabor amargo le duró bastante tiempo, ya que se vio con tres hijos pequeños por criar y un marido que debía viajar mucho por trabajo. No tenían muchos amigos por esa época, y sólo contaban con familiares de su esposo, “pero la familia del marido no es la de una” dice como una especie de sentencia.
Los años de ama de casa y madre llegaron a su fin cuando el más chico de sus hijos tuvo tres años. Pero no se arrepiente de ese tiempo, ya que está convencida de que a los hijos los tiene que cuidar la madre. Obtuvo un puesto en la Universidad de Morón a través de Susana Zanetti, reconocida especialista en Literatura Latinoamericana, y miembro del Instituto de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Buenos Aires. Después de esa oportunidad laboral trabajó en el Göthe Institut dando clases de Literatura y Cultura Alemana, y en el Instituto Lenguas Vivas.
Durante veinte años se desempeñó como titular de las Cátedras de Literatura Alemana y de Literatura Europea Medieval en la carrera de Letras en la UBA. Títulos muy honoríficos que de todos modos no cumplían con sus verdaderos anhelos: ella es especialista en Literatura Hispánica, pero la injusticia se impuso entre su verdadera preparación y las oportunidades que tuvo en la UBA. Su acento jamás se le fue, y la nacionalidad propia no es algo que pueda ser borrado. Así fue como la Universidad la encasilló en Literatura Alemana, a pesar de su preparación y su doctorado. Y muy a su pesar. Recuerda los primeros años en los que tuvo que asumir la Cátedra, y la preparación de las clases teóricas, que le insumían semanas enteras de estudio intensivo. “Pero es la vida, ¿no?” dice desde la sabiduría de la madurez. De todos modos, puede rescatar con cierto humor esta injusticia que tuvo que vivir a causa de su lengua materna y de su acento indeleble: “¡parece que piensan que uno enseña a los niños a hablar! ¿no? ¡Si ya saben hablar!” dice entre risas. A pesar de todo, se quedó en Argentina, y enseñó en su universidad pública más prestigiosa. Pero de todos modos, tiene una visión realista de este país, ya que confiesa que ni ella ni su marido habrían creído que el país se desarrollaría de la manera en que lo hizo. En algún aspecto fue una desilusión la irrupción de la violencia en este país que creyeron libre de ella. Como una mujer que vivió la violencia de cerca, en la Alemania de Hitler, tuvo una sensibilidad especial respecto de la violencia del golpe militar del ´76, y de la vuelta de la democracia. Ella vivió la reconstrucción de la Alemania en ruinas después de la Segunda Guerra Mundial, y sabe que un país puede salir adelante, por eso afirma con contundencia que la pobreza en Argentina es una cuestión que debe poder eliminarse de la noche a la mañana.

lunes 12 de mayo de 2008

MALBA - Qué paquetería


Educación y acción cultural

Cursos y conferencias

Concierto "Melodías Sentimentales: Villa-Lobos, el Modernismo y repercusiones en la música brasileña."
Miércoles 14 de mayo a las 19:00. Sala 5 (2º piso).
El “choro” -género musical popular urbano- y el folclore del Brasil, fueron estilizados por Heitor Villa-Lobos para expresar la riqueza de las raíces culturales del país durante la Semana de Arte Moderna de 1922. Su actitud y obra influenciaron a toda una generación de músicos brasileños, como es el caso de Jobim y Gnatalli.
En esta oportunidad, los músicos brasileños Claudia Castro (flauta) y Jaime Ernest Dias (guitarra) interpretarán un repertorio de piezas pertenecientes a Villa-Lobos y a otros artistas que recibieron la influencia del modernismo en la música brasileña. El dúo invita para una “roda de choro” a Leonardo Godoy, Juan Pastrana y Julian Dabron, egresados de las clases de guitarra de Cesar Gordillo del Conservatorio de La Plata.
Claudia Castro es flautista y gestora cultural. Estudió flauta en la Escuela de Música de Brasília, en la Universidad de Brasília (Brasil), en el Central Berkshire Music Center (Reino Unido), y en la New York University (USA). Participó en festivales internacionales de música en Alemania, Inglaterra y Brasil, integrando distintas formaciones de música de cámara. Obtuvo una Maestría en Gestión Cultural en la Boston University (USA) y trabajó como administradora de los Cursos de Verano de Música, Danza y Teatro del Conservatorio de Boston y como Directora Ejecutiva del The Nora Theatre Company. Actualmente es consultora de la Theatre Management Associates (Reino Unido).
Jaime Ernest Dias es Licenciado en Música por la Universidad de Brasília y docente titular de Guitarra de la Escuela de Música de Brasília. Como miembro fundador del Club de Choro de Brasília, pertenece a una generación de músicos brasileños que construyeron su arte influenciados por los cánones eruditos y la tradición popular. Se han destacado por su trabajo de creación y dirección en la Orquestra de Guitarras de Brasília, Orquestra de Cuerdas Brasileñas, Instrumental e Tal, y Cuerdas Sueltas. Ha hecho diversos viajes por Brasil, Estados Unidos, Francia, Suiza, Venezuela e Irán. Como intérprete y compositor, registró su trabajo en los discos “Instrumental”, “Paisagens Noturnas”, “Sonatas de Bach”, “Papo de Cordas”, “Contrastes”, “ À Moda Brasileira” y “Corda Solta”.

Miércoles 14 de mayo a las 19:00

domingo 27 de abril de 2008

El/la lector/a desconocido/a de Vicente López llegó a las 100 visitas a este blog. Eso sí que es fidelidad.
Gracias!

sábado 26 de abril de 2008

Claro, tiene razón

(Fragmento de una nota de Ricardo Mariño, publicada en Ñ. 93, el 9/7/2005)

Amigo docente: si alguna vez al salir del cine alguien te detuvo en la vereda y te pidió que escribieras tres finales distintos para ese argumento, y esa experiencia te agradó y notaste que mejoró tu comprensión del film, entonces está muy bien que continúes pidiéndoles a los alumnos que después de la lectura de un cuento señalen palabras esdrújulas, sensaciones olfativas o terminaciones en “aba”.

miércoles 23 de abril de 2008

Música para armar



Viernes 25 de abril a las 21.30
en
Casa de la Trova
Calle 3 y Diagonal 79 - La Plata



Violoncello y Voz: Morena Leza

Guitarra: Juan Manuel Pastrana

Percusión: Pablo Santos

lunes 21 de abril de 2008

Ni bajito, ni católico ni sentimental

José Saramago es portador de un apellido falso, o irreal. Su verdadero nombre debería ser José de Souza, pero hace 85 años, cuando nació, el empleado del registro civil se adjudicó el derecho de agregarle Saramago, apodo con el cual conocían al padre del escritor. Por este capricho del destino, José Saramago es el primero de su linaje, como si los mundos ficcionales que es capaz de crear no pudieran provenir de un apellido común a muchos mortales.
Después de haber ejercido varios oficios, se encontró con el fracaso de la Revolución de los Claveles, de 1974, que había defendido desde la dirección del periódico Diario de Noticias, y consecuentemente, sin trabajo. Ese fue el primer momento de quiebre en su vida: “Decidí, muy simplemente, no buscar empleo sino ver hasta qué punto yo podía llegar como escritor.” Y no sólo llegó a poder vivir de su escritura, sino que también ganó el Premio Nobel de Literatura en 1998, por su obra Ensayo sobre la ceguera.
El punto de apoyo que necesita en su vida lo encontró hace 21 años en Pilar del Río, su tercera esposa. Su encuentro con esta mujer 28 años menos que él fue el segundo cambio radical que vivió, y confiesa que hoy es una persona más generosa gracias a ella.
A pesar de haber sido escritor la mayor parte de su vida, Saramago podría vivir sin escribir. Está convencido de que el hombre se acostumbra a todos. Pero lo que no podría soportar es tener algo para decir y no poder decirlo. Pero Saramago tiene historias que contar, y las cuenta. Mejor para todos.

domingo 20 de abril de 2008

Carta abierta a Chaplin

Señor Charles Chaplin: Discúlpeme, Su majestad de la risa y la ternura, que ose distraer su descanso. Mis títulos tal vez no existan para justificar el atrevimiento.
Sé que a usted siempre lo sensibilizó, mayúsculamente, la condición de ciudadano del mundo y de ello se preció hasta cuando algún nacionalismo pretendió menoscabar su obra o su individualidad. Pero deseo aclararle que le escribo desde la Argentina, un país del Cono Sur del continente americano. Usted no alcanzó a conocerlo, aunque según leí en un cable lejano, una vez prometió visitarlo. Después supo algunas cosas de la Argentina que ahora sería mejor no recordar. Aquí se adelantaron a prohibirle El gran dictador, un mal ejemplo repetido en muchos lados y tardíamente reparado. ¡Cosas que pasan Señor Chaplin! Al fin de sus días, usted se había sobrepuesto a tantos agravios y desde luego habrá disimulado un episodio que todavía nos hace meditar con tristeza.
Comprenda, señor Chaplin, que si hace un año dejó usted este atribulado mundo, uno no deja de sentir de alguna recóndita manera su ausencia, aunque, claro, en compensación, siempre Carlitos está a mano en esas sus geniales piruetas que periódicamente tenemos necesidad de ver, yo diría mejor de compartir, y si por casualidad no las vemos en la pantalla, sentimos que nos siguen, nos acompañan, nos rodean, nos envuelven. Sin embargo hasta no hace mucho sabíamos que estaba allí, aislado en el contacto con la naturaleza, en ese rincón suizo que había elegido para el tiempo de su vejez, y era como un abuelo que si no frecuentamos nos sigue acompañando y tutelando.
Yo sé, señor Chaplin, que usted se nos fue, de puro viejo, para una manera mejor de seguir estando con nosotros. Seguramente le pesaban los achaques de la avanzada edad. Le molestaba el sillón de ruedas. Le fastidiaba la artrosis que no le dejaba flirtear con el amado bastón de junco o tocar el violín de sus mejores años. Acaso le pesaba más el odio en todas sus formas de intolerancia, discriminación y violencia. Se me ocurre imaginar que este mundo le estaba quedando chico, redoblado el egoísmo como para que en él sea imposible La calle de la paz, y día a día más viable una Vida de perros. Hace mucho, cuando usted tuvo la valentía de imaginar que filmaría El gran dictador para advertir a los incrédulos y desenmascarar a los cómplices, debe de haber creído que a Carlitos deberían escucharlo. Y filmó la película y hasta depuso su mímica para un patético discurso que tenía la contundencia de la verdad. Usted cumplió. Han pasado – creo- cuarenta años y lo necesitaríamos de nuevo, señor Chaplin, porque ¿sabe? “el amor está con gripe en cama”, como decía un poeta de estas latitudes que usted no conoció. No se olvide esto, por favor, señor.
Creo adivinar, señor Chaplin, que a esta altura de la carta usted estará pensando que la gravedad no es del todo buena consejera. Paso a otra, no se enoje. Reconozco que no tengo ni la edad ni la sabiduría de su viejo Calvero en Candilejas para filosofar. También peleo conmigo para no escaparme del optimismo, ese optimismo que usted nunca quería perder, ni siquiera cuando debía caminar solo a ese incierto horizonte de muchas películas. Pero si le prometo no ser grave, le pido humildemente que disimule mi falta de humor. ¡Cómo se lo sigo envidiando! Lo mejor será que le hable un poco de cine. Es lo suyo y, salvando las distancias, lo mío. Felizmente, el cine sigue existiendo, que es un modo de decirle que de usted nadie puede olvidarse. Perdón, creo más: de usted nadie podría olvidarse aunque el cine desapareciera. Usted es un clásico del siglo XX hasta sin cine. Si tal vez le parezca un lugar común, déjeme que le recuerde lo de su amigo Jean Cocteau: usted es la risa esperando. ¡Qué lindo en un mundo con tantas pequeñeces que tienden a separarnos!
En ocasión de la Navidad todos tratamos de escribir palabras halagadoras. Para usted se me ocurren las habituales de los que giramos con el cine. No podemos prescindir de Chaplin ni de Carlitos, y créame, hasta los que lo critican se venden elogiándolo de una u otra forma. Usted estará ahora más allá de la vanidad del gran payaso que fue y no obstante le gustará oír de nuevo el calificativo de “chaplinesco” como la definición suprema de la honorable profesión de hacer reír. Estoy convencido de que uno de estos días esos académicos que a usted le parecían tan aburridos se van a poner de acuerdo para fijar ese vocablo en los diccionarios.
Y hablando de homenajes, señor Chaplin, no le habrá desagradado el anuncio de que en uno de los distritos de Londres se le levantará un monumento a Carlitos. No importa que no sea en el barrio de su harapienta infancia. La intención vale igual y es fácil vaticinar: ese monumento se multiplicará en días futuros porque usted lo merece más que todos o casi todos de los ya hechos monumento. Con una ventaja: usted no está condenado sólo al monumento. Sigue viviendo si él. Eso sí, sea una vez respetuoso, no haga como en Luces de la ciudad: no duerma ni bostece sobre su propio bronce.
Yo consluyo mi abuso epistolar, señor Chaplin,. Es Navidad y brindo con los míos por usted. No es una excepción. Millones de personas también lo harán, con champaña, con sidra, con vino o con agua, y aun sin saberlo. Porque brindarán por la felicidad, el amor, la bondad, el entendimiento, la razón, la paz, esas utopías igualmente llamadas Chaplin. Mis respetos, señor.
Jorge Miguel Couselo
* Publicado en: Clarín, 24 de diciembre de 1978.

domingo 13 de abril de 2008

El amor como un demonio

El amor surgido de un desamor previo. El amor como un demonio. La esclavitud, la intolerancia y la incomprensión. Y en medio de todo eso, una nena de 12 años es mordida por un perro cuando desobedecía a su padre, y cruzaba los límites que le habían sido impuestos.
Esta es la médula de Del amor y otros demonios, a partir de esto se desata un relato acerca de las vivencias de la niña Sierva María de Todos los Ángeles. Es el relato de una vida que debe pagar por culpas que no cometió; a pesar de su inocencia, lleva en la sangre la herencia de un sistema de opresión y esclavitud, y dentro del cual ella misma se ve tironeada: su cultura y su modo de vivir son los de los esclavos, y ella es María Mandinga. A pesar de su exterior, ella no es la niña blanca que aprende sus lecciones y se comporta con modales educados, sino que es la criatura que arrastra los cabellos por los suelos, y luce orgullosa collares y amuletos africanos, que son sus únicas creencias. Ella conoce las danzas rituales, el idioma yoruba, sabe cómo matar animales con sus manos, y defenderse de los blancos mediante la mentira.En su vida los demonios se multiplican, crecen en su interior, la atormentan. Y su vida transcurre en un no-lugar, porque es una extranjera permanente. Nunca ha tenido un grupo de pertenencia, no es negra pero se siente como ellos; la visten como blanca, y la obligan a vivir con monjas, pero esa no es su religión, ni su mundo. Desde su nacimiento nunca tuvo un mundo, criada a medio camino entre dos culturas que chocan, y tienen sus bases en el odio mutuo. Ahí esta Sierva María de Todos los Ángeles, que a la vez es María Mandinga, sintiendo lo único que le es lícito sentir: miedo.
* García Márquez, Gabriel; Del amor y otros demonios; Buenos Aires, Sudamericana, 2005.

lunes 7 de abril de 2008

Vivir apilados


Así es como se vive en las grandes urbes posmodernas: apilados. Unos sobre otros, ocupando el espacio verticalmente, compartiendo íntimas sonoridades por sobre la cabeza, y debajo de los pies. Todos juntos. Es tan raro como común, no es sorprendente que muchas familias y personas de lo más diferentes convivan en un edificio estrecho. Pero si uno se detiene a pensarlo, sí es sorprendente.
No es que falte espacio, basta con mirar la llanura desierta que separa los últimos distritos de la Zona Sur de La Plata, y tendremos una clara idea que justamente no es la falta de espacio lo que lleva a la gente a apilarse. Tampoco es el cariño, ni las ganas de estar juntos (una reunión de consorcio cualquiera dará los datos suficientes para demostrar esta tesis). Es la centralización la que opera como un punto magnético de atracción. Allá en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires está todo, lugares de trabajo, lugares para hacer trámites, bancos, facultades. Y hacia allá se dirigen todos diariamente. Todos los que se niegan a vivir apilados y prefieren reservar su espacio de libertad, a costa de tiempo de viaje.
Pero también hay un precio que pagar, que por cierto no es barato. Ruido constante y un sol recortado en mínimas formas geométricas. Lo verde siempre es público, o está reducido a unas macetas de balcón. Nada de juegos en la vereda, ni árboles “propios” para treparse, y menos que menos un patio con una pelopincho. Y sin embargo ahí siguen, miles y miles de personas viviendo apiladas, acomodándose al tránsito imposible, a los foráneos que les invaden los barrios durante la semana, a esos espacios que no son de nadie, porque son zonas de paso.
En este panorama el futuro no es muy prometedor. Pero siempre queda la esperanza de que no construyan un edificio aún más alto enfrente, y terminen por robarse del todo el poco sol que quedaba.


* Para ver: Medianeras. Cortometraje dirigido por Gustavo Taretto.

miércoles 2 de abril de 2008

Música Latinoamericana


Miércoles 9 de abril 21.30 hs

En Ciudad Vieja

(Calle 17 y 71 - La Plata)

Voz y Cello: Morena Leza

Guitarra: Juan Manuel Pastrana

Percusión: Pablo Santos

* Polo Castellanos. México. 2º Premio de Pintura otorgado por Fundarte Latinoamérica 2007.

viernes 28 de marzo de 2008

Cristina, D´Elía, el campo y la mar en coche

Cuando yo era chica creía que una protesta de cualquier tipo significaba para el gobierno una espina clavada. Una espina que no sólo dolía, sino que era vergonzosa, y se me ocurría que adentro de las paredes rosas debían estar muy preocupados buscando una solución a lo que estaba pasando.
Así fue como la carpa de los docentes, las abuelas de plaza de mayo y los jubilados con su paciente persistencia semanal, cada uno con sus reclamos, me parecía un problema realmente grave, y me apenaba tanto que ellos tuvieran que padecer las injustitas que padecían, como el “pobre gobierno que debe estar desesperado, tratando de buscar la mejor manera de ayudar a esa gente”. Las protestas siguieron su curso, los oídos sordos permanecieron sordos, muchas veces inmutables, y con los años, en vez de disminuir el malestar, se fue acrecentando. Los grupos que protestaban se fueron haciendo cada vez más numerosos, y se sumaron los trabajadores de hospitales, los profesores universitarios, los camioneros, y una larga y conocida lista de etcéteras. Vale aclarar que la indiferencia creció con la misma rapidez que la protesta. Paradójico.
Los años pasaron, y perdí esa candidez en mis consideraciones sociales. Lamentablemente un reclamo no implica que haya gente dispuesta a solucionar aquello que está funcionando mal. Es más, faltan oídos para que los reclamos lleguen a donde tienen que llegar. La cadena está bloqueada, y la protesta perdió su carácter de protesta. La ciudad se ve atestada por diferentes grupos que se manifiestan casi constantemente, y ya se convirtieron en un adorno más del paisaje citadino. Los turistas sacan sus cámaras con ojos azorados, parecerían los únicos que advierten su presencia. En realidad son dos los grupos que reconocen los gritos y el caos: los turistas y todo aquel que quiera trasladarse por vía terrestre (y muchas veces por vía subterránea también). Es una pena que no los adviertan quienes verdaderamente deberían advertirlos. Y eso que están ahí, gritándoles las cosas en la cara. Pero no, las paredes de la Casa de Gobierno parecen ser demasiado gruesas.
Una lástima que nada funcione como yo lo creía de chica, una lástima que no se pueda hablar, una lástima que pesen más las cuestiones macro-económicas y políticas que el día a día de todos los argentinos que vivimos en este suelo. A todos y cada uno de los que son responsables de estos episodios vergonzosos: una lástima.

sábado 22 de marzo de 2008

¿Mamíferos ovíparos?





A ver…tratemos de poner un poco de orden. La Semana Santa y la Pascua son fechas conmemorativas de la religión cristiana. Se conmemora la Pasión y Resurrección de Jesús, a través de la cual el cristianismo se desprende del judaísmo. Esto para los que tienen fe. Para otro grupo grande de gente, estos días feriados no son más que eso, días de vacaciones, cuando la actividad laboral y estudiantil ya ha comenzado.
Entonces, estos días se configuran entre el disfrute, la indiferencia y la fe. Cada uno le da a estos días el significado que desea, movido por los más diversos motivos. Paganismo, ateísmo, catolicismo, demasiados ísmos concentrados, para tan pocos días. Y como si fuera poco, la casi única “tradición” que subsiste homogénea a pesar de las diferencias: ¡los huevos de pascua! Las esferas de chocolate parecerían el único lazo que une a tantas creencias y actitudes frente a estas fechas. La gula y la tentación del chocolate.
Pero no todo es tan sencillo, también hay diferencias e incongruencias respecto de esta tradición alimenticia. No hay que olvidar la diversidad de formas que adquiere el chocolate: huevos, conejos y gallinas. A eso hay que agregarle las diferencias de origen. Algunos padres tienen la costumbre de esconder los chocolates por la casa, para que los niños correteen por la casa para encontrar las delicias ocultas. Otros bogan por la existencia del Conejo de Pascua, que es quien traería los huevos, vaya uno a saber por qué se relacionan cosas tan disímiles como un conejo, la pascua, y los huevos de chocolate. Por último, está la gallina, que sería el animal lógico al cual relacionaríamos los huevos. Pero frente a un animal tan poco valorado en la zoología, uno se pregunta qué tendrá que ver la gallina en todo esto.
Resumiendo: un fin de semana de cuatro días (el feriado del lunes es algo circunstancial; caprichos del calendario nomás), en el que confluyen las creencias más profundas y fundamentales de la Fe católica; el turismo, el chocolate y ciertas prácticas familiares difundidas en muchos hogares. Ah! Y la rosca de pascua, que también debe tener todo un significado alegórico.
Demasiadas cosas en nuestra cultura, que ya de por sí es bastante cosmopolita. Pero más allá de las diferencias, es una fecha para encontrarnos, para pensar y creer (quien así lo sienta necesario) y para disfrutar (quien así lo sienta necesario también). El resto, es vanidad de vanidades.

¡Felices Pascuas!

jueves 20 de marzo de 2008

Literatura y Fe

“Ocurre esto muchas veces, no hacemos las preguntas
porque aún no estábamos preparados para oír las respuestas,
o, simplemente, por tener miedo de ellas. Y, cuando encontraos
valor suficiente para hacerlas, es frecuente que no nos respondan,
como hará Jesús cuando un día le pregunten, Qué es la verdad.
Entonces se callará hasta hoy.” (Pág. 263)

“Y Jesús les decía a todos, Quien tenga oídos que oiga,
si no dividís, no multiplicaréis.”
(Pág. 415)


José Saramago recrea un perfil particular de Jesucristo, nos lo presenta en toda su profundidad humana, con sus dilemas y claroscuros. Ante todo, no hay que olvidar que este Evangelio según Jesucristo es a su vez según Saramago, por lo tanto, no se le debe conferir ninguna autoridad ni veracidad, más que la cuota de complicidad que uno está dispuesto a pagar cuando lee ficción. Estamos frente a una ficción, no hay más vueltas que darle. Será una ficción con características realistas, que trata de reconstruir la figura de Jesús desde la literatura, y en ningún momento plantea como verdadero e inapelable aquello que dice. Por lo tanto, los juicios condenatorios que se han hecho respecto de esta obra provienen sólo de voces que olvidaron que la literatura no es más que literatura. Y que funciona a través de un pacto común en el que ambas partes concuerdan en “expresar y creer en esa verdad literaria”. Si nos salimos de ese límite, entramos en discusiones sin sentido.
Estamos en Semana Santa, una época de rememoración y festejo religioso, que por nuestros tiempos se hace extensiva a todo aquel que disfrute el hecho de no ir a trabajar ni a estudiar, y festeje el regalo que este año nos hizo el calendario con un feriado el lunes. Así se vive la Pascua por estos días para la mayoría de la gente. En mi caso, no me es una fecha tan lejana y ajena, muy por el contrario, la crianza y la tradición familiar siguen teniendo su peso. Es por eso que se me ocurrió escribir sobre este libro justamente ahora, a pesar de que lo leí hace algunos meses.
En la contratapa Luciana Stegagno Picchio escribe: “El Evangelio según Jesucristo responde al deseo de un hombre y de un escritor de excavar hasta las raíces de la propia civilización, en el misterio de su tradición, para extraer las preguntas esenciales”. Saramago cuestiona todo, pone a prueba cada uno de los dogmas de la fe, ya desde el comienzo de su historia. María no es virgen, sino que concibe a Jesús como el resto de las mujeres mortales. Pero el elemento celestial sigue presente, ya que es el Arcángel Gabriel quien le anuncia que está esperando un hijo. Así es como paso a paso el autor configura un historia absolutamente terrenal y dentro de los límites de lo “lógico y racional”, pero con una profundidad y un misterio en la narración que lo acercan de manera sorprendente a los misterios centrales de la fe, mantenidos hasta nuestros días.
Este evangelio no es un tratado teológico, ni una doctrina, sino la historia vista desde otro lado, con algunas variaciones. Sin embargo hay algo que subyace y que no se pierde, cierta profundidad, cierto respeto sagrado. Dios dialoga con el Diablo, es cuestionado y puesto a prueba por él. También es cuestionado por su propio Hijo. Absolutamente todo está puesto en tela de juicio, pero a la vez, todo vuelve a su lugar, se acomoda de manera natural.
Los personajes muchas veces perturbados irradian cierta paz y los diálogos se tornan filosóficos-teológicos, pero sin abandonar el estilo sencillo de Saramago, sin grandes circunloquios y complicaciones. Jesús se nos presenta con toda la fuerza que es capaz de conferir la literatura. Sin negar las Sagradas Escrituras, el autor se vale de ellas para delinear este personaje que se nos torna cercano y accesible, casi como un amigo. Es por eso que todas las acusaciones que se le han hecho están de más. Saramago no se está proponiendo como el dueño de la verdad, ni está socavando las raíces de una religión. Es mucho más sencillo que eso: está escribiendo una verdadera obra literaria, haciendo uso de uno de los conocimientos compartidos más difundidos de la historia.

* Saramago, José; El Evangelio según Jesucristo; Argentina, Alfaguara, 2004.

(Otra lectura por el estilo: El Evangelio según el Hijo de Norman Mailer)

lunes 17 de marzo de 2008

Sangre en las venas
te digo y me decís
y nuestro pulso, cruel detractor de
barbaries
que no conocimos, perpetuo carnaval
que se nos
aparece junto a los ojos…

Felina, la mujer-pez se acerca y me
acaricia, me mima
con sus palabras escritas en un viento
cambiante, que
acompañó la mutación del mar, el
cambio de estaciones
sagrado…

Y saber que cada vez falta menos, que
nuestra época
todavía no ha comenzado, y que
inventaremos historias
hermosas con finales tristes en alguna
habitación
vacía, que nos tendrá como únicos
habitantes

Y treparemos a las paredes
y dejaré que me mates
para matarte luego yo
y quizás nos encontremos una noche
de lluvia,
y contemplaremos, seremos los
testigos de esto que
no me animo a definir como historia,
libro o mandala,
nuestra hermosa y maldita cárcel
kármica que supimos
conseguir…

No le hagás caso a mi voz…vos
sos la
verdadera voz, la palabra, el
designio…yo soy el
dibujo, la imagen vista desde lejos, ese
que se te
acercará, te devolverá tu corazón de
cristal después
de tanto tiempo, y te abrazará, te besará
y te
invitará a nadar contra la corriente a su
lado para
siempre…

El milagro de los colores
tu pelo, mitad
hermosa cara para ser dibujada
voy a desterrarte infinitamente de
tu cárcel,
vos no estás hecha para seguir
formando parte de
colecciones, de listas aleatorias y
humanas…

Somos culpables de la eternidad,
Maga…la
palabra maldita te encierra, a mi
también…vos sos la
Maga que me encontró, yo soy el
Leandro que un mayo te
quiso dibujar…

Estamos rompiendo las leyes de
la identidad
convencional, estamos destrozando las
imaginarias
barreras de espacio y tiempo, nunca
creímos en las
distancias ni en los mares
premonitorios…aunque sé
que aún existe un miedo…sé que la
entrega tendrá que ser absoluta,
o no servirá para nada que hayamos
engañado a los relojes…

Perfecta musa para este pintor de
muñecos desnudos
cuando nos veamos de nuevo
detendremos los
relojes, y permaneceremos eternamente
en ese primer
día, nuestro libro nunca dejará de
comenzar, nos
sorprenderá con las metáforas de las
que formaremos parte…
la penúltima canción continuará
sonando…

Vamos a enterrar a nuestros yo
equívocos
quiero equivocarme de nuevas
maneras a tu lado
poeta maldita,
dama asesina,
princesa vampira, mujer
mujer-pez,
ojos de gata,
Maga,
mi error más hermoso
o mi hermosura más
errónea…
preparemos las alas, mitad…
vas a ver que los peces
pueden volar…


Julio Cortázar.

miércoles 12 de marzo de 2008

“Suenas a realidad tridimensional, a viable, a olor de multitud, a fiesta, a vida ciudadana, a humedad de noche en la playa, a un apretado fin de semana, a hoguera, humo y ruido, a amistad que dura y es fecunda, a cobijo de la intemperie, a valses y canciones, a canciones de madre, a jotas, danzas y fandanguillos, a vino y guitarra, a amores sosegados, a locuras poéticas, a licencias de sensatez, a morbo y masoquismo, a incomprensión compartida, a paredes húmedas con olor a amor, a saliva amarilla, a fruta olorosa, a mar mediterráneo, a bosque urbano, a celos y pasiones, a largos paseos de noche, a ilusiones y sueños de adolescente.”

Julio Cortázar

sábado 8 de marzo de 2008

Andy y la filosofía

Andy Warhol, como todos sabemos, era pintor. Pero, como pocos sabemos, también escribió libros, por lo que se puede decir que era escritor. O un pintor que a veces se dedicaba a escribir. Mi filosofía de A a B y de B a A es el único libro de él que leí. No conozco nada de su biografía, y de su obra pictórica lo único que sé es que sus latas de sopa y sus series de Marilyn Monroe en colores son consideradas como arte pop. Hasta ahí llegan mis escasos conocimientos de él. Pero eso no me impide hacer algunas apreciaciones de su literatura.
Su libro es como sus pinturas: sencillo, impactante. La única diferencia es la intensidad. Los plenos de color de la serie de Marilyn, por ejemplo, no se comparan con la liviandad de las narraciones. Su filosofía se basa en hechos cotidianos, típicamente neoyorkinos, de un grupo de artistas excéntricos.
Ya desde el principio nos enteramos que A y B son cualquiera que lo ayude a matar el tiempo. O sea que este es un libro que quiere darle batalla al aburrimiento. Y lo logra, porque su lectura es ágil, y sin darnos cuenta, nos va envolviendo con sus historias y sus concepciones particulares del amor, el trabajo, la amistad, y otros temas tan universales como particular es la mirada con que los recorta y los expresa.
Andy se confiesa, cuenta episodios de su vida, anécdotas, pero sin entrar en el carácter intimista de un diario personal. Todo es fugaz y atrapante, y, aunque las anécdotas no sean verdaderas, quedan bien con su cara, con su manera de hacer arte y con la parte de su personalidad que supo vendernos.

lunes 3 de marzo de 2008

Mi abuela estuvo adentro de un arco iris

Estamos como en Macondo. Obviamente que esta frase se aplica sólo después de la exageración típica a la que uno es proclive cuando algo le molesta. No, no hace cuatro años que está lloviendo. Hace casi una semana. No es tan grave (sin minimizar a toda la gente que se vio afectada por inundaciones, desde ya). Es sólo lluvia durante varios días seguidos, hacia el fin del verano.
Tampoco fue un terrible tornado lo que azotó el horizonte del Río de la Plata, sino que fue una ¿tromba es que le dicen? Viento bastante fuerte que levanta partículas mínimas de agua, que crearon ese efecto cinematográfico fielmente reproducido hasta el hartazgo por los noticieros, en una aburrida (y gris, no lo olvidemos) tarde de domingo. Ese espectáculo aterrorizador no es más que eso, un espectáculo, ya que el fenómeno climático se disipa y pierde su fuerza al llegar a la orilla.
El tema obligado es el clima, o el “tiempo” en el dialecto rioplatense. Entre tanto comentario pesimista por los días que se viven (o que se padecen), todos pegoteados y húmedos, escuché una historia que es la única que merece ser contada a este respecto. Y la escuché de boca de mi abuela, quien con su inmensa sabiduría, supo dejar de lado los engorrosos dolores de huesos provocados por la humedad, la ropa que no se seca y el aire que parece aplastarnos, para recordar y decir apaciblemente “yo estuve adentro de un arco iris”.
En la altura de las colinas de su Schio natal, una tarde como estas que estamos viviendo, un rayo de sol iluminó las partículas de agua suspendidas en el aire, y las mismas descompusieron la luz en el espectro de todos los colores. Este arco iris llegó hasta la ladera de la colina donde se encontraba mi abuela, quien decidió meterse dentro del haz de luz acuosa.
- Y ¿qué se veía?- pregunté yo.
- Todos los colores- respondió ella sonriendo.
Pero el momento idílico se quebró cuando mi abuela remató su anécdota agregando que salió toda empapada.¿Y qué importa mojarse un poco la ropa si se estuvo adentro de los colores?

jueves 28 de febrero de 2008

Las ceremonias del Claro

(Como la autora del libro acerca del que voy a hablar sigue acá en la Tierra con nosotros, o sea: no está eligiendo su recuerdo más feliz para vivirlo para siempre; en el párrafo que sigue voy a hacer una especie de introducción acerca de qué es de esta mujer por estos días)
Toni Morrison, escritora estadounidense de ascendencia afroamericana, se proclamó, hace algunos días, a favor del candidato a presidente Barack Obama. A pesar de lo que uno pudiera suponer apresuradamente, su apoyo al candidato no se basa en el componente racial que comparten, sino en la admiración que la autora tiene por las capacidades intelectuales e imaginativas de Obama, que según ella, “son los constituyentes de la sabiduría”.

(Y en este otro parrafito voy a hacer tratar de explicar brevemente de qué voy a hablar, cuál es el recorte que elegí para tratar esta novela)
En la novela Beloved, se puede hacer una lectura acerca del rol de la comunidad entre las poblaciones esclavas estadounidenses. Para ver en profundidad el análisis que se presenta a continuación, conviene (como es lógico) leer la novela. Yo la tengo, y la pongo a disposición de todo aquel que quiera leerla, para sacar sus propias conclusiones de la trama.

Las comunidades afroamericanas poseen un carácter aleatorio en cuanto a su constitución. Dependen de los tratados esclavistas, de la compra y venta de sus integrantes, de la resistencia física y psicológica frente a la explotación. Esas realidades las convierten en grupos fluctuantes, con una amplia permeabilidad de acogida a nuevos integrantes, como de aceptación de la pérdida definitiva de alguno de ellos. Son grupos que fueron arrancados de sus tierras, de sus ancestros, sus creencias y sus modos de vida, para ser traídos a otro continente y ser oprimidos y animalizados. El desarraigo es parte constitutiva de sus vidas, y por lo tanto la fraternidad comunitaria se convierte en una necesidad. Los une el sufrimiento compartido y la esperanza de poder escapar de él.
Uno de los personajes, Paul D., dice: “Sethe, tú y yo tenemos más ayer que nadie. Necesitamos alguna suerte de mañana.” Mientras se encuentran esclavizados, no poseen un pasado al cual remitirse, sus orígenes africanos han quedado demasiado atrás como para presentar un asidero seguro frente a los sufrimientos. Con el paso del tiempo, lo que se hereda de generación en generación es el sometimiento; tampoco el pasado reciente es capaz de transmitir seguridad alguna. Lo único que queda son los padecimientos del presente, que fortifican los lazos comunitarios. La fuga y la resistencia, en todas sus formas, son planificaciones grupales, sólo en contadas ocasiones los esclavos actúan individualmente, sin el apoyo del resto. La posibilidad de un mañana en libertad no se concibe aisladamente, como tampoco se planifica y se sale adelante sin la ayuda de los semejantes. Además de la “comunidad de resistencia” que se establece durante la esclavitud, existe otro tipo de comunidades que se conforman cuando las personas logran su libertad, ya sea por medio de la fuga (cuya garantía de éxito es su carácter grupal) o por la compra de la misma. En esta instancia, comienza un período de establecimiento de lazos y de acuerdos tendientes a construir un orden nuevo, en el cual la libertad es compartida.
En este tipo de comunidades, los ancianos poseen un rol importante (al igual que en las comunidades aborígenes, ver “A propósito de Lo que el viejo dijo”)
En Beloved, Baby Suggs encarna el papel aglutinador de la nueva comunidad que se ha gestado en libertad. A través de las ceremonias que celebra en el Claro, consigue hacer palpables los lazos que unen a todos los integrantes del grupo que han conseguido salir de la esclavitud. A través del llanto, la risa y el baile intercalados en una mezcla homogénea, Baby Suggs vivifica la comunidad y los sentimientos que unen a todo el grupo. Con sus directivas opone sus sentimientos a las actitudes de sus opresores, y genera un clima de excitación y de unión profunda. Sus palabras tienen como fin afianzar la unidad y reivindicar los valores propios y humanos que deben valorarse, lejos de la animalización sufrida en el pasado. El Claro representa la unidad, y ella misma lo dice: “en este lugar carne somos. Carne que llora y ríe, carne que baila con los pies descalzos en la hierba. Amadla, amadla intensamente”. También es Baby Suggs la que ofrece un banquete para noventa personas en su hogar, donde la unión parece perfecta hasta que se corta. Los invitados se disgustan, sienten celos y envidia hacia esa anfitriona que se brinda a ellos tan abiertamente. En ese punto, se puede ver el carácter fluctuante de la comunidad, que culturalmente no comparte los mismos rasgos que unen a las comunidades nativas.
Por otro lado, resulta interesante ver la actitud que tiene la comunidad frente al miembro que se ha alejado. Sethe, “cuando salió de la cárcel no hizo un gesto hacia nadie y vivió como si estuviese sola”. La comunidad, por lo tanto, le dio la espalda, y perpetuó su confinamiento en 124 junto a su suegra, su hija y el fantasma del bebé. La indiferencia sólo pudo ser quebrada cuando Denver salió de su casa a pedir ayuda. En este caso, no es la comunidad la que se acerca al extraviado, sino que él debe acercarse y pedir el auxilio que necesita. Hay que hacer expresa la necesidad frente a los otros, frente al resto que, aparentemente, puede vivir sin un integrante. Denver es el puente entre la comunidad y Sethe, y los nombres escritos en los papeles de las bandejas con comida, son la comunidad que a pesar del tiempo sigue allí. En el texto, la reflexión que aparece sobre esta actitud, afirma que “quizás eran buena gente, sencillamente, capaces de cierta maldad recíproca durante mucho tiempo, pero cuando se presentaban problemas hacían rápidamente lo que podían para ayudar a solucionarlos.”
Finalmente, el rol de la comunidad, en general, es de protección, ayuda y generosidad compartida. Pero no hay que olvidar que la construcción de las comunidades de esclavos, libres o no, se da a partir de la necesidad de sobrevivir. Es por eso que el grupo puede vivir sin el individuo, pero el individuo no puede vivir sin el grupo. De todos modos, como bien percibe Paul D., “más importante que lo que Sethe había hecho era lo que reivindicaba”, y sus acciones sólo perseguían la libertad, el fin compartido por todos.
Estos grupos de personas buscan resguardarse de la opresión de los blancos, de aquellos que, por considerarlos diferentes, los someten y arrinconan, quitándoles lo que les es propio: las tierras, el lugar de pertenencia y la libertad. Los alcances de ese despojamiento dependerá de las diferentes visiones del mundo de cada cultura, pero la herida ha sido abierta, y aún sangra.
*Morrison, Toni. Beloved. Trad. Iris Menéndez. Barcelona, Ediciones B, 1993

miércoles 27 de febrero de 2008

Una visión del cielo


Hay una vida después de esta vida. Eso es lo que propone esta película. A través de la muerte se llega a otra forma de existencia, que no es ni la luminosidad de las esferas que plantea Dante, ni un cielo que está más allá de nuestro entendimiento y nuestros sentidos. No, es una vida muy parecida a esta. ¿Lamentablemente parecida? Bueno, eso depende del momento que cada uno esté pasando, así que no vamos a discutir acerca de eso.
De todos modos, esta posterioridad de la vida tiene una ventaja evidente: los que llegan a ella tienen la posibilidad de elegir el recuerdo más feliz que tengan, para revivirlo por toda la eternidad. Es decir, uno se crea su propio escenario (más o menos como acá en la Tierra, pero sin todas esas cosas que nos esperan a la vuelta del camino y sobre las cuales no tenemos ni un poco de control ni poder). Todo es cuestión de elegir; parece que en este caso a los personajes no les preocupa el hecho de que tienen que elegir lo mejor posible, porque de eso dependerá su existencia desde ahora hasta siempre jamás. Eso ya es un problema menos que plantea la película.
Hay personajes que no se acuerdan de nada, que no tuvieron momentos felices, que no pueden decidirse, que les da lo mismo. También esto es más o menos el mismo espectro de opciones que encontramos acá y ahora en vida. Pero hay una señora, muy viejita, chiquita, con unos anteojos enormes, que se dedica a juntar objetos pequeños, y a ordenarlos prolijamente sobre una mesa. Nadie sabe la procedencia de esos objetos, cómo los obtuvo, qué significan; pero la señora no puede desprenderse de ellos. Y esa es su realidad, ese recordar para adentro, mirando cosas chiquitas, casi insignificantes. Pero transmite una sensación de paz que no transmite ningún otro de los personajes. Parecería como si no necesitara recordar, tiene al alcance de la mano todo lo que le hace falta, no anhela nada más. ¿Habrá encontrado en vida el secreto milenario de la felicidad (suponiendo que exista)? La respuesta no nos la da ni la viejita ni el resto de los personajes. Es más, nadie devela demasiadas cosas en esta película paciente, para ser saboreada con calma. Pero una cosa sì queda en claro: lo que se pide después de la vida es que recordemos el momento más feliz para volver a vivirlo. Por lo tanto, al menos una parte del cielo tiene lugar en nuestras vidas, sino pedirían imaginar y no recordar. Así que más que nada, esta película es una invitación a estar atentos: quizás el cielo nos está pasando sin que nos demos cuenta.
Después de la vida
Dirigida por Hirokazu Koreeda
Japón, 1998
Color
118 Minutos

Aguas deliciosas

Paul Gauguin: Fatata te mipi (Aguas deliciosas), 1892.

lunes 25 de febrero de 2008

"Yo quiero ser una chica Almodóvar" o cómo destrozar un tema

Yo quiero ser una Chica Almodóvar
como la Maura como Victoria Abril,
un poco lista, un poquitín boba,
ir con Madonna en una limousine,
yo quiero ser una Chica Almodóvar
como Bibi, como Miguel Bosé,
pasar de todo y no pasar de moda,
bailar contigo el ultimo cuplé.
Y no parar de viajar del invierno al verano,
de Madrid a New York, del abrazo al olvido,
dejarte entre tinieblas escuchando un ruido
de tacones lejanos.
Encontrar la salida de este gris laberinto
sin pasión ni pecado ni locura ni incesto,
tener en cada puerto un amante distinto,
no gritar ¿qué he hecho yo para merecer esto?
Yo quiero ser una Chica Almodóvar
como Pepi, como Lucy, como Boom,
venderle al garbo mis secretos de alcoba,
ponerme luto por un matador.
Yo quiero ser una Chica Almodóvar
que a su chico le suplique: “¡Átame!”,
no dar el alma sino a quien me la roba,
desayunar en Tiffany’s con él.
Y no permitir que me coman el coco
esas chungas movidas de croatas y servios,
ir por la vida al borde de un ataque de nervios
con faldas y a lo loco.
Encontrar la salida de este gris laberinto
sin pasión ni pecado ni locura ni incesto,
tener en cada puerto un amante distinto,
no gritar ¿qué he hecho yo para merecer esto?
Como Patti Diphusa escribir mis memorias,
apuntarme a cualquier clase de bombardeo,
no tener otra fe que la piel ni mas leyque la ley del deseo.
Encontrar la salida de este gris laberinto
sin pasión ni pecado ni locura ni incesto,
tener en cada puerto un amante distinto,
no gritar ¿qué he hecho yo para merecer esto?

Título: Yo quiero ser una chica Almodóvar
Año: 1992
Letra: Joaquín Sabina
Música: Joaquín Sabina


Bueno, estoy preparando un final de lingüística. Estoy estudiando muchísima lingüística, muchas teorías y diferentes perspectivas que lo que buscan es “explicitar lo que el hablante sabe pero no sabe que sabe”. Ya que lo sabemos aunque no sepamos que lo sabemos, ¿para qué indagar en un campo tan oscuro? ¿Es necesario? Sólo conozco una finalidad para estudiar esta materia: aprobarla, y que sea una menos en la lista de las que me faltan para recibirme. Es una razón práctica, y desde mi punto de vista, la única importante.
Entre la pila de artículos y ejemplos que tuve que sufrir, había uno particularmente extraño. Pretendiendo un guiño “simpático”/”compinche”/nosabríacómodefinirlo, la cátedra propuso un tema de Joaquín Sabina para que lo analicemos según la GRAMÁTICA SISTÉMICO FUNCIONAL de Halliday. Y el extraño resultado fue este:

“Se trata de un texto tremendamente productivo desde el punto de vista léxico. Muy hábilmente, este texto está construido sobre dos recursos propios de la oralidad, trasladados a la escritura: la repetición y la elisión. Podemos hacer la segmentación en cláusulas, siguiendo el criterio de la proyección de las tres funciones. La cláusula 1 sería Yo quiero ser una chica Almodóvar como la Maura como Victoria Abril. En la cláusula 2 encontramos una elisión: (Yo quiero ser) un poco lista, un poquitín boba. Cláusula 3: (Yo quiero) ir con Madonna en una limousine. Como vemos, lo que se elide es el modal, y en algunos casos el verbo.
Desde el punto de vista interpersonal, el modal está compuesto por la flexión y el sujeto gramatical. Y lo demás sería el resto. Y, desde el punto de vista de la función textual, la forma YO es el elemento temático y lo demás sería el elemento remático...y bla bla bla...”

¡¿¡¿Será posible?!?!

domingo 24 de febrero de 2008

Literatura alemana

La novela “Retrato de grupo con señora” de Heinrich Böll se inscribe en el período caracterizado como “literatura de ruinas de la posguerra”. Böll empezó a publicar dos años después de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, por lo tanto se encuentra en un conetxto de desolación y reordenamiento del mundo literario; las voces de los escritores han sido acalladas por el régimen totalitario, por la violencia y por la lejanía del exilio. Una vez alcanzada la paz, tiene lugar el período de la búsqueda de la voz propia, de la reconstrucción de la identidad intelectual, y la elección de los temas a tratar.
Wolfgan Beutin, historiador de la literatura alemana, dice acerca de este grupo: “se mueven en el campo de tensiones del pasado fascista y el presente capitalista, de la fuga y la protesta, de la subjetividad y la pérdida de identidad. Antagonismos que llevan implícita la tensión poética entre el tradicionalismo y la modernidad en que vive la joven generación de las letras”. En este marco, Böll encuentra su modo particular de expresión, su estilo es el realista, el de la cotidianeidad.
A través del realismo, el autor nos presenta a un narrador que pretende construir, por diferentes medios, el perfil de Leni Gruyten de Pfeiffer, la protagonista, o dicho con exactitud, la excusa de a novela. El relato al que se intenta dar forma posee una premisa básica, que se presenta como eje central de toda la labor del narrador: la objetividad. Todos sus esfuerzos radican en conseguir y brindar información fidedigna y confiable para su informe.
Su desmesurado propósito parecería dar cuenta de que el narrador no tiene plena conciencia de cuál es el objeto de su investigación, de lo contrario, tratar de reconstruir la vida de una figura que se niega por completo a ser entrevistada, que sobrevive a la guerra luego de haber visitado repetidas veces a una judía encerrada en un convento, y haberse enamorado de un joven ruso y ser la madre de su hijo, se le antojaría una tarea utópica. La objetividad en un caso tal, con un objeto tan inasequible, está puesta en tela de juicio.

El 2 de mayo de 1973 el autor recibió el Premio Nobel de Literatura. Ese día dio un discurso titulado “Ensayo sobre la razón de la poesía”, en el cual intenta explicar el funcionamiento de la literatura. Lo que desea es borrar la dicotomía reduccionista “o información o arte”. Así es como afirma que nunca ha logrado dar una respuesta exhaustiva cuando le preguntan la razón por la cual ha escrito tal o cual cosa, dice que “no me es posible reconstruir el contexto en su totalidad, aunque desearía poder hacerlo para que al menos la literatura que yo produzco fuese un proceso menos místico que la construcción de puentes o la cocción de panecillos”. En ninguna de las tres acciones es posible calcularlo todo, siempre hay un resto de imponderabilidad que el hombre no es capaz de aprehender, y mucho menos de erradicar. El mismo escritor no puede ofrecer una descripción completa del proceso que él mismo realiza al escribir, se le torna un campo demasiado vasto para poder abarcar. “Habría que poner en acta todo, desde la mesa hasta los lápices que hay encima de ella, con toda su historia, incluidos los prójimos próximos, más próximos y muy próximos”.
A pesar de los esfuerzos esto no sería suficiente. El acta no acabaría por brindar una información que agote el tema, y el autor se pregunta una y otra vez “¿cómo salir del paso sin ese intersticio, ese resto al que podemos denominar ironía, poesía, Dios, ficción o resistencia?” Frente a este panorama, ¿cómo queda posicionado un narrador que asevera haber aprehendido de tal manera las características constitutivas, tanto personales como contextuales, de un personaje al que no tiene acceso directo, como para brinda un retrato catalogado como fiel reflejo de la realidad? ¿Es posible, como el narrador afirma, que la objetividad resulte ilesa, sin perderse en ningún intersticio de los múltiples que se presentan en las fuentes de información y en la constitución misma de la novela?

Heinrich Böll dice en su discurso que la obligación de los escritores “consiste en penetrar en los intersticios precisamente porque sabemos que no podemos aclarar nada del todo y sin resistencia”. Es esta conciencia acerca de su labor la que no le transfiere al narrador que construye para su novela. Con rasgos de omnipotencia, el narrador, en pos de la objetividad, hace caso omiso del hecho d que la resistencia de la memoria aparece justamente cuando a partir de sujetos lo que se intenta hacer es una reconstrucción de carácter objetivo. Asimismo, es el primero quien, a través de diferentes recursos, ironiza y vuelve irrisoria su finalidad. La dialéctica propia del acto de la escritura torna aun más inalcanzable la meta del narrador. El último impedimento es ese Dios que multiplica los espacio librados al azar, hasta convertirlos en infinitos. A través de todos estos pasajes, la objetividad dejaría de ser tal, para pasar a presentarse como una ficción de objetividad. El propósito del narrador se antoja pretencioso al ser contrapuesto con los factores mencionados con anterioridad, y la nueva calificación cuadra con el resultado de su trabajo y sus investigaciones.
El retrato que ha logrado elaborar podría parangonarse con el ambicioso proyecto de Leni, eso es, la pintura de una capa de la retina titulada “Parte de la retina del ojo izquierdo de la Virgen María llamada Rahel”. Leni se basa en datos científicos concretos para su creación (saca la ilustración de una lámina de anatomía), y así es como su aproximación a una realidad objetiva se aparece como viable. El grado de objetividad alcanzado por el narrador podría perder su carácter ficcional si, al comenzar la novela, éste no declarara que lo expuesto es el fiel reflejo de la realidad; sino que dijera, tal como lo hace Leni respecto de Rahel, “esta es ella, quizás una milésima parte de su retina, si es que a eso llega”.

viernes 22 de febrero de 2008

A propósito de "El viejo dijo"

En estas comunidades tribales nada es fragmentario, todo está fuertemente unido entre si, las personas, los animales, el lugar geográfico, las almas de los antepasados. Así y solo así se concibe a la comunidad. Hay una dialéctica perpetua que se establece entre tiempo, espacio y personas, en la que todo está esencialmente relacionado con el entorno en una profundidad que no permite la noción de individuo aislado. Todo se define en relación con el contexto. Son todos y cada uno de los integrantes de la comunidad los que entran en el juego de las definiciones mutuas como personas. En esas definiciones también aparece el rol de la naturaleza y del arraigo al lugar donde se ha nacido y donde se morirá, donde habitan los familiares tanto humanos como vegetales y animales, los que están vivos y los que han perecido. Así se conforma la visión holística del mundo: todo está ahí, presente, cada elemento constitutivo de la comunidad tiene una razón de ser y un rol definido y necesario para el bien del conjunto. Lo que predomina es la unidad, y su fuerza es tan esencial que no da lugar a la posibilidad de fragmentación, dividirse es dejar de ser.
El viejo habla con paciencia acerca de esperar el tiempo. “Nada bueno/ ocurre con rapidez”, ese es su mensaje, así habla desde su sabiduría ancestral. “El viejo dijo”, habló en pasado, pero habló acerca del futuro y de su presente, que en realidad es eterno, se eterniza en la oralidad, en las historias, en la sabiduría transmitida a las nuevas generaciones de la tribu. Todo lo que sigue a “es/ mentira” refiere a ese presente infinito del tiempo espiralado y lo que el viejo intenta hacer con sus palabras es una suerte de manifiesto, de guía, que abarca todos los aspectos de la vida.
El poema habla de la sabiduría de la naturaleza, de la sabiduría de los animales, y explicita la relación de parentesco entre los humanos y los animales. Al ciervo lo llama “hermano”, y sólo como un ejemplo de los animales. Todos los animales son hermanos, así como todas las plantas y todo lo que los rodea, porque “todo/ cada cosa/ importa”. El viejo muestra cómo la naturaleza enseña, y es necesario aprender de ella.
Por último, la visión holística del mundo aparece con toda la fuerza de su unidad cuando se contrapone con el mundo de los blancos, de las ciudades, donde todo es fragmentario. Frente a lo otro que aparece como amenaza de destrucción, la concepción de unidad esencial se reafirma, y es la base en la que se apoya el poema. El viejo establece la distinción entre vivir y residir en las ciudades de los blancos. Los indios sólo residen allí, jamás podrían vivir, porque no es su entorno, no es su lugar geográfico. En las ciudades faltan todos los elementos que definen a la comunidad: faltan los parientes.
En la voz del anciano aparece la fuerza de la comunidad, que es tal gracias a todos y cada uno de sus componentes. El tiempo y la naturaleza definen y constituyen su visión holística del mundo. “Dicen que si uno se pierde en el mar, esas criaturas lo ayudan porque se acuerdan del tiempo en que todos éramos uno”; en estas comunidades ese tiempo en que todos eran uno es el tiempo presente, que se extiende hacia el pasado y hacia el futuro, y los abarca a todos.

Poesía india estadounidense contemporánea

El viejo dijo

Algunos te dirán
que no tiene importancia. Es
mentira. Todo.
Cada cosa
importa. Y
nada bueno
ocurre con rapidez.

El viejo dijo

La sabiduría de un
animal puede
medirse por
la cantidad de su
excremento.
Mira
qué poco de sus
restos deja
el hermano ciervo.

El viejo dijo

Los indios no fueron
hechos para vivir en
las ciudades y no lo hacen.
Algunos residen en la ciudad
pero ninguno vive allí.

Gogisgi. Carroll Arnett.


Mi abuelo fue un físico cuántico

Lo veo hoy
Sonriendo
vestido de arriba abajo para la danza
con otros hombres
frente a la Casa Redonda
en una tarde de sol.

Los científicos han descubierto al fin
que los detalles más diminutos
de nuestras vidas
están marcados por cosas
más allá de las estrellas
y más allá del tiempo.


Mi abuelo lo sabía.



Voces en la sangre

Afuera
crujen hojas amarillas
Mis ojos tratan de ver entre
realidades todos los
parientes en mis
sueños y campos de
oscuras nubes con cuernos
racionando el sol en
sombras junto a mi cama
El viento suena como si
fuera frío como
si hubiera gansos
los que atrapaban
a mis bisabuelas
fantasma ese tiempo tranquilo
de infancia cuando
observaba
Estaba solo con ella
no sabía lo que debía
hacer para
detenerlos
Debajo de su manta de estrellas
me dijo en palabras tan
viejas como esta tierra que no
escuchara
Yo le dije que era demasiado
tarde
Ella quería proteger la
sangre el silencio que
me dejó cuando
se fue al sur sobre colinas
ámbar
como hacen las abuelas todos
los otoños sabiendo que
tienen nietos a medias
detrás a medias
junto a ellas.

Barney Bush


Desde mi abuela
(1913-1970)

Le hablabas a mi sangre
en esos años antes de que mi recuerdo
se despertara. Cuando yo no tenía el lenguaje de
nadie
todavía ni lakota ni salish
ni inglés

Me hablabas hacia la vida
y el conocimiento. Me dabas
colores
el gris flaco de las plumas
en la cola de un halcón rojo para el
cielo de la niebla
que nunca vería. El cielo Dakota
justo antes del viento blanco.
Tu manta azul de medianoche cada
extremo una luz
con el diseño de una montaña amarillo
a rojo,
ésas eran llamas de vela y la noche de
agosto.

Le dabas sentido a las cosas
en imagen y texturas
historias de los Antiguos Los que
Cambian de Forma
y los Lakota que sólo puedo conocer
en sueños en visiones.
Abuela ¿nos buscamos
lejos una a la otra tú y yo?
¿ O solamente me acuerdo
desde ti desde mi sangre?


Jo Whitehorse Cochrane



Traducción: Márgara Averbach.

jueves 21 de febrero de 2008

¡Feliz cumpleaños!

viernes 15 de febrero de 2008

Resabios de creencias mágicas

ADVERTENCIA: el texto será largo, por lo tanto no será dos veces bueno. O quizás sí. (Por lo menos es cotidiano y entretenido, un poco de aire después de tanta seriedad).


En pleno siglo XXI el ser humano sigue practicando rituales, como si subsistiera algo del espíritu creyente de los primeros pobladores de la tierra, con sus tótems y amuletos. A pesar de los adelantos científicos y de las explicaciones racionales del mundo de hoy, llega el momento en que todo se deposita en una cábala, que se transforma en el único medio capaz de lograr el éxito deseado.

Los argentinos tenemos una relación estrecha con las cábalas. Frente a acontecimientos con algún grado de presión, acuden a la ayuda mágica de la suerte, que se expresa a través de actos rituales repetitivos: las cábalas.
Creer en el poder de los amuletos cabalísticos habla de una suerte de fe. Por eso muchas veces estampitas, rosarios y cruces se convierten en elementos fetiches más que religiosos. San Expedito, el patrono de las causas urgentes, está a la orden del día. Ante una situación complicada, mucha gente reconoció pedirle la solución al santo, pero este pedido tiene más características de orden que de ruego. La velocidad con la que se vive se traspasa al ámbito de la fe y las creencias, y se le exige a esta figura que cumpla con los deseos y las necesidades de este grupo de creyentes-demandantes. Eso sí: con rapidez, que es lo fundamental.
Muchos barrios de la zona sur del Gran Buenos Aires tienen una nueva decoración desde hace algunos meses. En un recorrido de 20 cuadras por Bernal, Don Bosco o Wilde se pueden ver numerosos pasacalles que no expresan los típicos saludos por cumpleaños, o las declaraciones de amor más explícitas, sino que se dirigen directamente a San Expedito, en acción de gracias “por los favores concedidos”. Por lo visto, acudir al santo ayuda, y los fieles cumplen a través de un pasacalles con alguna promesa hecha a aquel que los ayudó rápidamente.
Esto ocurre en el ámbito barrial y familiar, pero no es exclusividad de este grupo. Las comunidades de actores tienen sus propias cábalas, amuletos y frases que dan suerte y prometen éxitos, ya sea en el escenario, o frente a las pantallas de televisión. No hay que olvidar los millones de cábalas que existen en el mundo futbolístico, tanto por parte de los jugadores, como de los hinchas. Y esta especie de manía no se detiene ahí, ya que los mismo clubes alientan prácticas supersticiosas; como por ejemplo, alcanza con recordar los círculos de sal puestos en el camino que tenía que recorrer La Volpe, en ese entonces técnico de Boca, en su camino hacia el partido contra Estudiantes de La Plata.
Pulseritas rojas contra la envidia, esquivar una escalera para no pasar debajo de ella y no atraer la mala suerte, tener en cuenta los martes 13 (y los viernes! como si fuera poco) para no casarse ni embarcarse, desear “merde” a los actores antes de salir a escena, o la repetición del apellido “Pugliese Pugliese Pugliese” entre los músicos. Nadie se salva, y son pocos los que se sienten lo suficientemente seguros de sí mismos o de sus capacidades como para no confiar en algún tipo de cábala. Aunque uno sea el mejor.
Este tipo de practicas también se difundió entre los jóvenes. Con sólo hacer un recorrido por cualquier facultad o colegio en épocas de finales o recuperatorios, en los que muchos se juegan el año de estudio, aparecen todo tipo de cábalas y amuletos de la suerte, para enfrentarse a la temida mesa de examen. Entre fotocopias arrugadas, subrayadas, leídas y releídas, están las estampitas, los mensajes de suerte, las velas que prendieron las abuelas. Y los alumnos ponen al descubierto sus trucos con total naturalidad, en medio de sus nervios. Los que estudiaron y los que no, todos acuden a la ayuda mágica de una cábala, como si encontraran un suelo más firme sobre el que pisar.
El ser humano siempre necesita apoyarse en algo más, creer que hay algo que cuida de su suerte, de sus proyectos y desafíos, por eso aparecen las cábalas. Con esas pequeñas seguridades, se puede tener la frente un poco más en alto, y el corazón se desacelera un poco. Pero tan sólo un poco, ya que, al fin y al cabo, las cábalas no dejan de ser parte del mundo de la superstición, y sus propiedades no están científicamente comprobadas.

martes 12 de febrero de 2008

"Castigado por la falta de haber nacido"


Primo Levi sobrevivió al horror más absoluto. Fue prisionero de guerra en el campo de concentración polaco Auschwitz-Monowitz durante 11 meses, entre 1944 y 1945, y logró salir con vida. Esta experiencia lo puso frente a una actividad impensada para él hasta el momento: la escritura. Así fue como a través de sus palabras dio a conocer sus memorias del Holocausto, y le puso voz al sufrimiento de millones de almas que habían padecido la deportación, el encierro y el dolor profundo que marca para siempre.

Si esto es un hombre es su obra más conocida. En ella repasa las vicisitudes como prisionero de guerra, intercalando la ficción con la realidad. Otros títulos que componen su trabajo como escritor son Si ahora no, ¿cuándo? y El sistema periódico, todos con la misma temática revisionista del antisemitismo de la Segunda Guerra Mundial.
Poco antes de morir fue convocado para participar de una investigación académica sobre la memoria de la deportación. De esas conversaciones surgió el libro Deber de memoria, en el cual el químico y escritor italiano vuelve sobre sus temas característicos y hace un repaso de su obra literaria y de la de sus contemporáneos que comparten el mismo eje temático.
Acerca de la vida cotidiana en el Lager (término alemán que designa a los campos de concentración), Primo Levi hace una suerte de decálogo de los códigos de comportamiento implícitos entre los camaradas, más allá de las reglas impuestas por los oficiales alemanes. Uno de estos principios era mantener la limpieza y la higiene, en la medida de lo posible, de la vestimenta y del propio cuerpo. Este acto era entendido como una especie de resistencia contra el régimen de deshumanización y animalización que sufrían como prisioneros. El autor también recuerda que si bien lo más doloroso era la imposibilidad de comunicarse, debido a las diferentes nacionalidades de los deportados, existía la premisa básica de hablar, de cualquier manera y en cualquier dialecto, de las comidas y las recetas caseras tradicionales de cada uno. Este tema los hermanaba en el recuerdo y la añoranza de un pasado familiar compartido en torno a la mesa. Todo lo opuesto a la realidad que estaban viviendo, era recreado a través de las palabras, las historias, las anécdotas.
Paradójicamente, en ese espacio donde la vida estaba en permanente contacto con la muerte, los prisioneros no hablaban de ella, ni de las cámaras de gas ni del crematorio. Esto respondía a una lógica particular, según el autor, basada en el hecho de que el campo donde él se encontraba no era de exterminio, sino de trabajo forzado. Hablar de la muerte era signo de mala educación, simplemente se consideraba incorrecto. Y por lo tanto nadie lo hacía.
Respecto a la ideología subyacente al sistema de explotación y exterminio, Primo Levi hace alusión al hecho de ser castigado por el origen, simplemente por haber nacido judío; expresa que “castigar al otro simplemente porque es otro, apelando a una ideología abstracta, nos parecía el colmo de la injusticia, de la torpeza y de la irracionalidad”. Tampoco pudo entender nunca los motivos que justificasen la matanza de niños. En suma, es imposible entender la locura, la saña y la sinrazón de la violencia.
En la necesidad de resistir, de llegar con vida a la noche, de tratar de no tener frío, estribaba la cotidianidad de los prisioneros, que en este trajín diario no tenían tiempo para pensar en el suicidio. Paradójicamente, después de haber sobrevivido a Auschwitz, de haber reconstruido su vida a través del matrimonio, de dos hijos, de la literatura y del trabajo científico, Primo Levi falleció el 11 de abril de 1987 en un confuso episodio, que la justicia calificó como suicidio. Sus familiares niegan esta posibilidad, pero la incertidumbre sigue abierta, y sus libros, a pesar del horror, siguen siendo un homenaje a la vida.

domingo 10 de febrero de 2008

Desde la arena

* Pauls, Alan. La vida descalzo. Buenos Aires, Sudamericana: 2006.

“Se sueña mucho en la playa”. El relato comienza con esta frase categórica, que incluye de manera indiscriminada a todo aquel que alguna vez en su vida haya visitado el paraíso veraniego por excelencia. Pero rápidamente, después de la primera democratización de los sueños y de la playa, Alan Pauls recorta su discurso y habla a través de la primera persona, que siendo plural sólo atañe a su padre y a su hermano; para terminar en un yo que se descubre íntimamente a través del recuerdo.
La memoria recrea la playa a través de los sueños de la infancia, que están marcados por la cinematografía: “cada sueño, digamos, equivale a una película”. Así es como se entremezclan el aire marítimo y las estrellas de cine, en las despojadas playas de Cabo Polonio, Uruguay, donde sólo es posible encontrar sueños. La vida descalzo encuentra su propio ritmo a través de estos ejes, que van marcando su desarrollo autobiográfico y anecdótico, plagado de referencias sensitivas (texturas, olores, colores, sonidos...).
Cada fragmento, o capítulo, del libro, está enmarcado por fotos en blanco y negro de chicos en la playa, pertenecientes al archivo personal del autor. Son las evidencias de un pasado edénico lleno de tranquilidad donde el mar se conjuga con la infancia y la arena, y provoca el efecto de nostalgia sin melodrama que recorre la narración.
Como protagonista y autor, Alan Pauls se permite intercalar consideraciones sociológicas o filosóficas, en medio de los recuerdos apacibles:

“...la forma que la vida adopta en la playa – toda vida, desde la de
las almejas y las gaviotas hasta la de las personas, pasando por la de las estrellas, salvo quizás la vida verdaderamente excepcional, la que Federico Fellini, por ejemplo, hace aparecer sobre la arena en el tétrico amanecer final de la Dolce vita: la vida del monstruo- es grupal, nunca individual, y hasta qué punto la belleza o la seducción, cuya fuente estamos acostumbrados a identificar con objetos o criaturas singulares, son aquí siempre un fenómenos gregario, de banda, que sólo surte efecto cuando todas sus partes están copresentes y se disipa, por arte de magia (...) en Buenos Aires , cuando el grupo se reduce a una sola de sus partes.”

Esa es su visión de la vida descalzo, la realidad que el autor es capaz de aprehender y compartir a todos nosotros que leemos desde la ciudad, calzados, añorando volver a ese paraíso cuya eternidad dura tan solo 15 días.

jueves 7 de febrero de 2008

Felicidad


Gauguin. 1892

Retratos de la vida cotidiana

“...sabes cuándo me siento
y cuándo me levanto...”
Salmo 139.

En Fotocopias, John Berger ofrece un fresco de la realidad, tal y como la ve él. Y nos la regala, sin reparos, en cada uno de los relatos que conforman el libro.

El autor hace referencia a su propia obra llamándola “estas fotocopias”. Así es como concibe su tarea; saca fotocopias de lo que ve, de lo que piensa, de lo que ocurre. Son fotocopias con palabras, fieles a lo que copian, pero a la vez infieles, imprimiéndoles un toque, una mirada, un recorte particular.
En veintinueve crónicas realistas, John Berger trata temas diferentes, que van desde su concepción del tiempo hasta los olvidados de las sociedades. En este abanico, despliega su escritura empapada de imágenes pictóricas, de sensibilidad, y logra un verdadero puente con el lector. Cuenta hechos anecdóticos, los desnuda, y al mismo tiempos se desnuda y nos desnuda como lectores. Nos deja parados frente a la realidad, sin más armas que nuestra propia capacidad de asombro y de emoción. Cada historia está contada de manera particular. Son historias sencillas, cotidianas, pero a la luz de la escritura, renacen de manera diferente, con otro brillo, con otra profundidad. Todo el bagaje artístico de Berger aparece entre cada línea, los años de teatro, de novelas, de películas. Todo aparece en Fotocopias, como si fuera la síntesis de largos años de trabajo. Porque, como dice uno de sus personajes, “todo es cuestión de tiempo”, y John Berger supo cómo tratarlo en su obra.

lunes 4 de febrero de 2008

En los resquicios del poder


(A partir de esta escena de la película La vida de los otros de Florian Henckel-Donnersmarck)



Para el agente de la STASI, Gerd Weisler, la vida de los otros siempre había sido el objeto de su trabajo. Hurgar en la privacidad ajena en busca de disidencias y oposiciones al régimen de la República Democrática Alemana constituían su especialidad. Pero su férrea convicción y lealtad al régimen se quiebran frente a la realidad del escritor Georg Dreyman y la actriz Christa- Maria Sieland, cuyas vidas debe diseccionar con la presición milimétrica de un científico.
El punto de inflexión se hace presente en la zona fronteriza , híbrida, de un ascensor. A medio camino del trabajo a su hogar, Wiesler, encerrado en el cubículo del elevador, toma conciencia de que no hay vuelta atrás. Luego de abandonar su puesto de vigilancia, donde detrás de los micrófonos las personas viven sus vidas con intensidad, y urden planes arriesgados para hacer oír sus voces, el agente vuelve a su frío departamento, a su vida vacía y carente de sentido. Estos dos polos configuran una dialéctica que se pone a funcionar en el espacio del ascensor. La elección de este espacio para la confluencia de dos realidades opuestas no parecería casual ni inocente. El encierro hermético prefigura la asfixiante atmósfera de un régimen dictatorial. La luz difusa, que lastima la mirada, y la imposibilidad de escapar cuando uno desee son algunos de los elementos constitutivos de esta alegoría. Y todavía faltan los personajes principales: el poder absoluto, representado por Gerd Weisler, y la inocencia y la indefensión, en la piel del niño que vuelve de jugar.
En el breve diálogo que mantienen ambos se produce el punto de inflexión. La pregunta reformulada a último momento, con su falta de sentido y su ridiculez, acerca de la identidad del juguete del niño, da muestras de la realidad que los circunda, de la sinrazón de todo aquello que se impone por la fuerza. El chico, sin saber que en ese encierro se libraba una batalla, la ha ganado, se ha salvado. Y Gerd Weisler también se ha salvado, más allá de los errores cometidos en el pasado, aún tiene tiempo para redimirse. Y lo que habla a través de sus actos es la integridad de todo ser humano que se rige por sus convicciones más profundas, pero sin cerrarse a las posibilidades de cambio.
“Sabían los puntos cardinales,
las estaciones del año,
que la luna viajaba alrededor de la Tierra
y que ésta giraba en torno del sol.
Que América estaba en este mundo,
que la Argentina era un país americano,
que era una república,
y que ellos eran argentinos.”

Eduardo A. Holmberg

sábado 2 de febrero de 2008

Tita Merello, el tabaco y la literatura

El edificio donde se encuentra la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, tiene una historia que merece ser contada. En el barrio porteño de Caballito, más específicamente en la calle Puán 480, conviven diferentes estratos históricos en una misma edificación: lo que supo ser una fábrica de tabaco, también fue la locación de una película protagonizada por Tita Merello, y actualmente es el reducto artístico, filosófico y literario de la educación universitaria pública en Argentina.

Dentro de la Antropología, existe una especialización dedicada a la arqueología, y a su vez una sub-especialización denominada arqueología urbana. Esta rama específica de los estudios humanísticos permite conocer todo aquello que subyace a las construcciones citadinas. Y esta fábrica transformada en facultad también se configura como objeto de estudio de esta ciencia. Debajo de los carteles con inscripciones y propagandas políticas, de las aulas recientemente pintadas y de las múltiples circulaciones que permiten escaleras y pasillos recónditos, se esconde el verdadero pasado de ese edificio.
En el año 1920 la compañía de tabaco Nobleza- Picardo adquirió los terrenos de la calle Puán y estableció los cimientos de los depósitos, las oficinas y la fábrica de la empresa. La imponente edificación situada en la esquina de Puán y José Bonifacio contaba y cuenta con 5 pisos, dos estacionamientos y un patio central. Su disposición confirma la hipótesis de Michel Foucault acerca de la construcción con finalidades similares de fábricas, establecimientos educativos y cárceles: la de vigilar, ya sea a los operarios, a los presos o a los estudiantes. Así es como se superponen de manera espacial y temporal dos ámbitos completamente disímiles.
El segundo estrato de esta excavación arqueológica se configura a partir del director de cine argentino Leopoldo Torre Nilsson, que eligió las instalaciones de la fábrica para filmar un largometraje titulado "Para vestir santos". Su protagonista, Tita Merello, era una operaria que peleaba para defender su dignidad, en el marco de una historia de amor trunca y un futuro de soledad, dedicado, justamente, a vestir santos. La película se estrenó en agosto de 1955, y hoy se pueden conseguir copias de video para ver a la actriz pasearse por los pasillos fabriles en pleno funcionamiento.
Con este pasado cinéfilo e industrial a cuestas, se hicieron las remodelaciones necesarias para que en 1981 comenzara a funcionar la facultad. Este recinto fue el primer espacio propio que tuvieron los estudiantes de filosofía, letras y carreras afines, quienes hasta el momento habían estudiado diseminados en las facultades de ciencias sociales o de psicología. La especie de injerto edilicio se nota: hay aulas de todos los tamaños, aulas sin puertas, aulas en subsuelos casi sin ventilación, o aulas que delatan que en su pasado fueron baños. Sin embargo se estudia, y hay lugar para el desarrollo del pensamiento crítico y artístico. Resulta casi contradictorio cómo un espacio de producción de bienes pudo convertirse en un espacio de producción de ideas. Pero así fue.

Un hombre y una mujer bajo un ciruelo

Acerca de una de las crónicas de Fotocopias, de John Berger.
Estamos frente a un determinado momento en la vida de dos personas, de este hombre y esta mujer. Está narrado de manera simple, sin mayores trascendencias. Pero es justamente ahí donde se hace presente lo trascendente, en esos momentos en que casi no nos damos cuenta.
El narrador/personaje (ya que habla en primera persona) construye a la mujer que tiene enfrente. La construye desde afuera, la única manera posible de construir-conocer a otro, pero lo hace desde un lugar muy íntimo y a la vez desconcertante. Habla de los animales que él piensa que viven con ella y que ella conoce. Mediante esa metáfora, nos introduce en un espacio de profundidad en el que se juega con el conocimiento y el desconocimiento. A través de estos supuestos animales, encuentra la mejor manera de describir aquello que de otra manera sería imposible describir, ya que la interioridad de otro es un espacio vedado (incluso, por momentos, la propia interioridad nos es un espacio vedado). Los animales rompen la lógica, y por eso permiten el paso a una realidad más profunda, que sería imposible atisbar por otros medios.
Esta mujer que aparece a través de cada palabra, no es una mujer que pasa por la vida, es una mujer que pasó por muchas vidas, que fue muchas cosas, y por lo tanto, tiene toda esa sabiduría acumulada.
Ella tiene una caja, y al mirarla, él confiesa "no me había parado a pensar qué llevaría dentro. Tal vez pinturas. O manzanas. O unas sandalias y crema para el sol". En la enumeración, aparece el perfil que él puede hacerse de ella. Pero la mujer rompe con su perfil, ya que la caja contiene una cámara de fotos estenopeica. Ella también quiere captar la realidad. Quiere lo mismo que él.
La cámara es quien resume toda esa historia, es el instrumento que puede unificar la realidad parcial que cada uno observa. "Nos quedamos de pie, mirando a la cámara. Nos movimos, claro, pero no más de lo que lo hacían los ciruelos mecidos por el aire. Pasaron los minutos. Mientras estábamos allí reflejamos la luz, y lo que reflejamos atravesó el agujerito negro y entró en la caja." Ahí estaban los dos.

jueves 31 de enero de 2008

Carlos Alonso. Artista.



El cuadro se titula “En la Pampa”, y nos posiciona en el lugar mismo de la acción, o más bien, en el fin de la acción, en sus resultados. El artista utilizó la técnica mixta sobre cartón, en un soporte de 45x36 cm. En ese espacio plasma un cielo que amedrenta, los diferentes tonos de grises son amenazas de tormentas y de fuertes vientos. Hay ondulaciones realistas en el cielo, pero también hay trazos rectos, que alejan la imagen de lo que puede ser considerado realista o naturalista.
La amenaza del viento adquiere otra dimensión cuando se contrapone con los yuyos y pastizales que están estáticos, se produce una especie de quiebre entre las dos dimensiones, la celestial y la terrenal. La rigidez y los tonos de las hierbas transmiten una sensación de violencia, no parecen plantas, sino elementos punzantes que cercan el cadáver que allí yace. Predominan los tonos blancos, grises y anaranjados, que junto con los huesos configuran una atmósfera espectral.
La muerte parece abarcarlo todo, desde el cielo hasta los cadáveres completamente corroídos por el tiempo y las fuerzas de la naturaleza. Todo se confunde en los grises y en la muerte, lo único que corta esa gama de colores y sensaciones es la luz que irradian los yuyos y los huesos, una luz propia pero ajena a la vez, cuyo origen es absolutamente desconocido. El único atisbo de vida aparece a través de las aves, pero también son aves de la muerte, grises, carroñeras, que vienen a cerrar el círculo mortal.

sábado 12 de enero de 2008

Quizás nadie fue tan...

...intensamente feliz como Florentino Ariza en ese viaje con promesas de eternidad. La espera llegó a su fin, y ahí estaban los dos compartiendo su presente en el "Nueva Fidelidad". Juvenal Urbino había disfrutado de la apacible felicidad que trae la cotidianeidad en los matrimonios sin grandes sobresaltos, pero Florentino tenía a Fermina en la madurez, con todas las añoranzas maceradas con amor y paciencia, al alcance de su mano, de su cuerpo, de su alma. La vejez y la tenacidad de la espera reúnen a estos amantes, quienes aprenden las artes amatorias de la vejez, sus tiempos y sus goces, completamente diferentes a los 622 amoríos pasajeros y al acostumbramiento inevitable de una cama compartida a lo largo de toda una vida.
Al leer la novela hace algunos años me compadecí de Juvenal y de su amor que se veía socavado y constantemente amenazado por el amante rechazado en la juventud. Creía que Florentino no tenía derecho a figurar en el mundo que había construido el matrimonio, que era un intruso. Pero hace poco vi la versión fílmica de la novela, y descubrí la profundidad del amor de Florentino, que espera apaciblemente, mientras se forja un destino que tiene una única meta. Florentino Ariza es un hombre que ama intensamente, por eso su felicidad no podía ser menos que intensa, marcada por la acuciante finalidad de la vida, y realzada por los años de espera y de deseos contenidos. El no debía ser su marido, no era para él la felicidad del día a día, de los hijos, de la comida diaria y de las manías caseras. Ese no era su mundo, ese no era su lugar al lado de Fermina Daza. Florentino tenía que ser el amante despreciado que pacientemente acepta la humillación, sin rencores, y sublima su amor en las cartas que escribe para los desconocidos; tenía que ser el hombre que a fuerza de trabajo, de inocencia y de suerte consigue un renombre y una posición. Tenía que ser el dueño de ese barco, con total poder de decisión para que el viaje de regreso durara "...toda la vida..." en ese estado único de intensa felicidad.